De cómo estirar la liga sin romperla

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Jorge Fernández Menéndez 07/07/2014 02:00
De cómo estirar la liga  sin romperla

Para nuestro amigo Carlo Pini, con un abrazo solidario.

 

La aprobación de las leyes secundarias transita como el Mundial de Futbol en Brasil: en las etapas decisivas se acabó la alegría del juego, importa mucho más el resultado que la forma en la que se obtiene y estar en la final, que sólo pueden jugar dos, es el objetivo. En el camino hay ausencias desconcertantes; algunos, muy pocos, jugadores que destacan y están también los que intentaron sorprender, darle su voz a los acontecimientos, pero terminan superados por el temor escénico, la costumbre o el peso de la camiseta de sus adversarios. Al final, los juegos se vuelven tensos, a veces reiterativos y hasta aburridos, pero a la hora de los resultados, lo importante es que los que ganan son siempre los grandes, los que llegan hasta el final.

Mañana las leyes secundarias de telecomunicaciones tendrán que tener su última etapa en San Lázaro. El debate en el Senado fue como se esperaba y las leyes secundarias se aprobaron con una amplia mayoría, en comisiones y en el pleno, donde quizás lo más notable fue la forma en que se dividió el voto tanto en el PAN como en el PRD. El acuerdo que habían obtenido en su momento Jesús Zambrano y Gustavo Madero no alcanzó en ninguno de los dos partidos para un voto homogéneo. La gran mayoría de los senadores panistas convenció a Madero de que tenían que dejar en libertad a sus legisladores de votar como quisieran porque el acuerdo era imposible, sobre todo con dos legisladores, Javier Corral, cada día más cercano al PRD y que mantiene una larga disputa con Televisa, desde que esa empresa decidió cobrarle las deudas que tenía con ella de cuando fue candidato en Chihuahua, y Ernesto Ruffo, aquel primer gobernador panista en Baja California, cuya agenda es cada día menos comprensible. Lo cierto es que los panistas apoyaron la posición del presidente de la Comisión de telecomunicaciones, Javier Lozano, y sacaron adelante con el PRI, el Verde y Nueva Alianza, la legislación.

Pero lo sucedido con el PRD mostró lo desconcertante de las posturas de buena parte de ese partido. Zambrano, al que no le gusta que digan que tiene una alianza con las empresas de Carlos Slim, apostó todo a que su partido votara en contra de la iniciativa. No contó con que un grupo importante de senadores se rebelara contra esa decisión y el propio Miguel Barbosa, su coordinador, apoyara las leyes secundarias con los cambios que se habían realizado, más de 70, y en los que había participado activamente todo ese grupo de perredistas. Dos veces fue Zambrano al Senado para convencer a sus legisladores y hasta tuvo que hacer pesar una moción del Consejo Nacional del partido para lograr que votaran en contra en lo general, con el absurdo añadido de que esos mismos legisladores terminaron votando a favor en lo particular en muchos de los artículos. Obviamente, no sirvió de nada, más que para destacar la división de un partido que podría haber optado, como hizo el PAN, por dejar en libertad a sus legisladores y no exhibir así el conflicto.

En San Lázaro las cosas serán diferentes: primero porque existía un compromiso, que quién sabe si se respetará, de aprobar en Diputados la minuta que saliera del Senado para no retrasar más una legislación que debería estar aprobada desde principios de diciembre pasado. Pero la diferencia es que la mayoría que tiene el PRI junto con sus aliados en la Cámara baja le permite aprobar esas leyes aun con la oposición del PAN y del PRD.

Lo que viene el martes es más que nada una exhibición política: el PAN debería dejar en libertad a sus legisladores repitiendo el ejemplo del Senado, al tiempo que el PRD quiere amarrar a los suyos para mostrar que no hay disidencias internas, pero también le exige al PAN que tenga un voto disciplinado en contra de la minuta, pensando más en otros acuerdos, sobre todo electorales, que tienen las dirigencias de ambos partidos, mucho más allá de lo que ocurra en la Cámara de Diputados.

Pero todo esto está en función de lo que suceda en el segundo tiempo de este juego, que es el de las leyes secundarias en materia energética, que es donde se está apostando la mayoría de las cartas. Existe el compromiso del PAN (y en la mayoría de sus legisladores la convicción) de sacar adelante esas leyes secundarias, incorporando también cambios a la iniciativa presidencial. Pero ese compromiso resulta cada día más caro para los priistas, porque el PAN le ha adicionado muchas cosas. La homologación de leyes electorales en los estados es clave en este sentido y, de lo que suceda, por ejemplo, en el Congreso de Nuevo León, dependerá en mucho la forma en que vote el PAN, un partido que sabe que puede estirar la liga de la negociación, pero que también debería ser consciente de que no puede llegar al límite de romperla.

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