Justicia y gracia para los sicarios

COMPARTIR 
Jorge Fernández Menéndez 21/05/2014 02:48
Justicia y gracia  para los sicarios

Se ha hablado mucho de cómo Nazario Moreno, uno de los jefes del cártel de Los Templarios, fue dado por muerto hace unos años y resultó que estaba vivo, hasta que fue abatido semanas atrás por fuerzas de seguridad. El hecho está lejos de ser el único: otro peligroso sicario de Los Templarios, apodado El Pantera, también había sido dado por muerto en 2013 y tuvo que volver a ser abatido para que ello se hiciera realidad, poco antes, precisamente, de la muerte de Moreno.

Esos casos se repiten en la terrible lógica que ha impuesto la violencia en el país. En ocasiones pueden ser acciones conscientes de algunas autoridades, en muchas otras, es simplemente parte de la forma en la que se desarrolla la lucha frente a los grupos criminales. Los muertos se levantan de sus tumbas sin que sea un capítulo de The Walking Dead, pero es más terrible aún cómo los asesinos quedan en libertad con absoluta facilidad. Tres casos se han presentado en las últimas horas.

En Monterrey, fue detenido Juan Andrés Amaya, sicario de Los Zetas, involucrado en varios asesinatos y secuestros. Pero este joven, de apenas 20 años, ya había sido detenido en 2011, siendo ya, a los 16 años, sicario de ese grupo criminal. Pero como era menor de edad, las autoridades judiciales decidieron dejarlo en libertad. Dos años después, en 2013, volvió a ser detenido. Se le dio una sentencia durísima: 36 años de prisión... pero unos meses después, un tribunal colegiado decidió dejarlo en libertad, aduciendo errores de procedimiento en su captura. Esta semana, por tercera ocasión, el sicario Amaya ha sido detenido, acusado ahora de varios crímenes, y habrá que ver si ahora sí cumplirá alguna condena.

El lunes también fue asesinado un hombre identificado como César Alberto Acosta Chairez, presunto sicario del capo del narcotráfico Joaquín El Chapo Guzmán. Acosta, de 31 años, fue ejecutado cuando, luego de una persecución por las calles de Culiacán, el vocho color blanco sin placas de circulación con el que se trasladaba se incrustó a la entrada de un centro comercial.

Pero no era la primera vez que este hombre estaba en las noticias. Ya había sido arrestado en 2005 en el puerto de Mazatlán y tenía órdenes de aprehensión en su contra en Culiacán. Nunca se supo por qué fue dejado en libertad. Se dice, incluso, que en un importante operativo volvió a ser detenido, junto con varios otros sicarios, y que por alguna razón, de los ocho apresados en aquella ocasión, sólo seis fueron presentados ante los medios. Acosta fue uno de los que tuvieron la suerte de no ser consignados. Pertenecía a la célula delictiva que comandaba Gonzalo Inzunza, El Macho Prieto, quien fue abatido por la Armada en un enfrentamiento en Puerto Peñasco, el 18 de diciembre de 2013.

El jueves pasado, el comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido García, informó que en Monterrey fue detenido Fernando Martínez Magaña, El Z-16, jefe del cártel de Los Zetas en Nuevo Laredo. Pero tampoco era la primera vez que el jefe de Los Zetas estaba ante la justicia: había sido aprehendido por elementos de la Marina Armada de México el 16 de junio de 2011 y, por alguna razón que no se informó, fue dejado inmediatamente en libertad.

¿Cuántas vidas, cuántos recursos, cuánto costó que el sicario de Los Zetas, en Monterrey; el de El Chapo Guzmán, en Culiacán; y el jefe de Los Zetas, en Nuevo Laredo, hayan sido inmediatamente liberados, sin ninguna explicación plausible, después de ser detenidos? Y no son excepciones: son tres casos que se han presentado con apenas unas horas de diferencia en tres lugares diferentes del país. Ya vimos cómo funciona la corrupción judicial con delincuentes de cuello blanco, en el caso de los casinos de Rojas Cardona. Con estos y muchos otros casos podemos escenificar cómo funciona esa misma corrupción con sicarios y asesinos.

Los resultados del PAN

Deconstruyendo los resultados de la elección panista, nos encontramos con que el triunfo de Gustavo Madero se dio gracias a los votos de los estados con gobiernos panistas: ganó Puebla (clave por el volumen de votos), Sonora y Baja California. También ganó Sinaloa (donde gobierna el aliancista Mario López, Malova) y Nuevo León, donde Monterrey es encabezado por Margarita Arellanes, de la neocúpula panista local. Todo ello habla de la capacidad de Madero de hacer amarres con los factores reales de poder, pero también de la debilidad en la operación de buena parte de su equipo: Luis Villarreal perdió Guanajuato; Jorge Preciado, Colima; y el propio Ricardo Anaya, una de las buenas sorpresas del año político, perdió su natal Querétaro. Preciado se tendrá que ir de la coordinación del Senado y se dice que llegarán Salvador Vega o Héctor Larios, mucho más calificados. Y quizá también Villarreal, tan cuestionado en la elección interna por el tema de los supuestos moches, tenga que dejar la coordinación de los diputados.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red