Los números de Mancera

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Jorge Fernández Menéndez 08/04/2014 02:19
Los números de Mancera

¿Qué es lo que va en “picada”: la aceptación de Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno capitalino, o los estudios que así lo pretenden demostrar? Sin duda, el grado de aceptación con que comenzó su administración Miguel Ángel Mancera era imposible de sostener desde el gobierno. Según las encuestas serias, como la de Parametría, comenzó en 74 puntos de aceptación y llegó, en febrero del año pasado, a 83 puntos.

Desde entonces, esos índices de aprobación han ido en descenso. Los temas que le han restado apoyo a Mancera han sido los relacionados con las marchas y plantones de la Coordinadora en la Ciudad de México, distintos capítulos relacionados con la seguridad pública y, sobre todo, el aumento del precio del Metro. Hasta ahora, dependiendo de cómo se termine de desarrollar el tema de la Línea 12, no queda claro si tendrá afectaciones en su popularidad y en qué sentido. Es evidente que si no existen responsables de lo ocurrido en la construcción de esa importante vía de comunicación, el gobierno capitalino pagará un costo, pero también, si efectivamente hay responsables, se les identifica y castiga, ello generará beneficios, en varios sentidos, al gobierno capitalino. Pero las principales variables, en el DF y en el ámbito federal, siguen siendo la economía familiar, y por eso el costo en aceptación para Mancera, que significó el aumento al precio del Metro y la seguridad cotidiana.

Llama la atención que en la encuesta publicada ayer por Reforma, se habla de que Mancera va en “picada”, basándose, sobre todo, en un estudio realizado entre “líderes” que le dan una tasa de aceptación de 31%. Y eso ha llamado la atención en todo el gremio de encuestadores, porque una encuesta realizada entre 287 líderes de opinión, que no se sabe quiénes son, que es realizada vía mail y que tiene un índice de respuesta de apenas 20% no es representativa, mucho menos si responden la pregunta  20% de los supuestos encuestados. ¿Se puede establecer una tendencia, se puede hablar de una encuesta con respuesta vía mail de unas personas escogidas por el propio encuestador? No es serio. Tampoco levantar ese mismo estudio, cada tres o cuatro meses, estableciendo en lapsos tan largos las verdaderas tendencias de aprobación o rechazo de un personaje. El mismo tipo de estudio se ha aplicado a Mancera, al presidente Peña, al gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, sin dar jamás el nombre de los “líderes” encuestados. Seguir una política editorial es un acto legítimo, siempre válido, envolver una política editorial como un estudio de opinión es, por lo menos, un error que lleva a la confusión.

En realidad, los números de Mancera, según las encuestas reales, son otros. En la de Parametría, con una encuesta amplia levantada mes con mes en viviendas, el momento más bajo de Mancera fue en diciembre pasado, cuando, a consecuencia del aumento del Metro, bajó a 43%; en enero, volvió a subir a 49; tuvo, en febrero, una nueva baja, en 42, y en la última semana de marzo, estaba en 54%. Esa lectura lo que muestra es que Mancera no va en picada, sino que se ha estabilizado, desde hace por lo menos cuatro meses, entre un 45 y poco más de 50%. No es el 83% del inicio de su mandato, pero tampoco se trata de una caída constante. Son cosas diferentes y admiten lecturas distintas.

Mancera vive un momento clave: necesita mantener la estabilidad en los niveles de aceptación, pero también, terminar de transitar por un momento complejo, en el que se deben definir tendencias en la izquierda, buscar un equilibrio entre esas fuerzas, hacer una demostración de fuerza política, pero también de eficiencia, en temas como la Línea 12. Asimismo, en ese tránsito, desembarazarse de enemigos internos y antecesores, que son los que están apostando a una caída en picada.

El desarme de las autodefensas

La desmovilización y desarme de las autodefensas no será un proceso sencillo ni de corto plazo. Más aun porque, como hemos dicho muchas veces, entre las autodefensas no hay mandos uniformes ni homogéneos, tampoco todos los que participan allí están por las mismas razones. De la misma forma en que casos como el de Hipólito Mora, que ha terminado preso, acusado de instigar el asesinato de un mando rival, o el de Enrique Hernández Saucedo, quien era líder de autodefensas en Yurécuaro, y está acusado de ordenar la muerte del munícipe de Tanhuato, Gustavo Garibay, han desprestigiado a las autodefensas, en ellas hay líderes valiosos que han jugado un papel importante en la desarticulación de Los Templarios y otros que buscan reflectores, tipo José Manuel Mireles, quizá con la mira puesta en las próximas elecciones locales. Hay de todo y habrá que ver su futuro, casi caso por caso. Al final, muchos tomarán sendas distintas. A quienes han sido líderes legítimos de esos grupos, el Estado les tiene que garantizar la seguridad.

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