Expresidentes o la Fundación de Calderón

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Jorge Fernández Menéndez 23/01/2014 01:16
Expresidentes o la Fundación de Calderón

Este año, en agosto, Felipe Calderón Hinojosa cumplirá 52 años, la misma edad que tendrá el presidente Peña Nieto cuando deje la Presidencia de la República. Carlos Salinas de Gortari tenía 46 años cuando concluyó su sexenio y Ernesto Zedillo cumplía 51 al terminar el suyo. Vicente Fox, un poco mayor que todos ellos, tenía 64 años. Todos eran y son hombres jóvenes con mucha vida por delante. Sé que la tradición política impuesta por un sistema político, que hace ya muchos años no es la vigente, establecía que cuando concluía su periodo en el gobierno un Presidente se retiraba de la vida política, pero eso era realidad, aunque no siempre se cumplió, cuando el sistema era encabezado por un mandatario que asumía de hecho la totalidad de Poderes y no aceptaba compartir ni que se le disputara siquiera el poder; cuando, los presidentes dejaban su cargo a mayor edad y se vivía mucho menos, cuando no había un sistema de partidos y cuando, diría Vargas Llosa, vivíamos la dictadura perfecta.

Me resulta incompresible que haya quien se indigne porque Felipe Calderón envíe un tuit sobre el espionaje del que habría sido objeto cuando fue Presidente o porque ahora regresará al país y echará a andar una fundación que había creado hace más de diez años. Tan incomprensible como cuando se indignan y preocupan porque Salinas de Gortari sigue siendo un personaje político activo (aunque discreto) o porque Zedillo es parte del Consejo de Administración de varias empresas (en todo caso el tema es si usa información privilegiada en las mismas) o porque Vicente Fox llamó a votar por Peña Nieto y no por Josefina Vázquez Mota en 2012. No estoy hablando de las decisiones personales, del desempeño o acierto de los expresidentes en esas actividades, pero lo que es absurdo es pensar que un hombre o mujer que está en la mitad de su vida debe retirarse y mantenerse en el ostracismo. No lo hace Clinton ni los Bush en Estados Unidos, ni Felipe González o José María Aznar en España ni Tony Blair o Lula da Silva, en Gran Bretaña o Brasil, respectivamente. Todos siguen en actividad pública y tienen todo el derecho a hacerlo. Como lo tienen nuestros expresidentes. Se les debe criticar o respaldar con base en sus aciertos o errores, en la política o en la empresa, pero no por hacer la labor para la que se han preparado toda su vida.

Cuando Peña Nieto se perfiló como candidato presidencial, quienes son parte de las teorías conspirativas de los expresidentes se apresuraron a decir que el entonces gobernador era una creación del expresidente Salinas y si se casaba un hijo del exmandatario y hacia una gran fiesta se lo consideraba una intervención en asuntos políticos, simplificando las cosas hasta el absurdo. Si Fox declara que hay que negociar con los narcotraficantes o que toda la culpa de la violencia la tiene Calderón, es porque intenta desestabilizar a su sucesor o quiere ajustar cuentas políticas con él, no porque sean una ocurrencia o una falsedad política que simplemente debe ser esclarecida como tal.

Es absurdo y se trata de una “tradición” imposible de cumplir, simplemente porque la historia, el sistema político y hasta la edad impiden que sea así. No creo que sea incorrecto que un expresidente opine y participe en la política o en su partido, lo que me parece irracional es enviarlo al exilio político o físico por haber desempeñado ese cargo. El Presidente de la República hace ya muchos años no es un gran tlatoani sexenal, tampoco al abandonar ese cargo debe ver reducido sus derechos más allá o más acá de lo que marca la ley. Que lo haga bien o mal, que eso le genere beneficios o costos, una revisión favorable o no de su desempeño, es parte de las reglas del juego, como con cualquier otro actor político.

Volviendo al tema de Calderón. ¿Intentará el expresidente opinar sobre el proceso interno del PAN? Me asombraría que no lo hiciera, aunque fuera de forma indirecta. Ha sido militante del PAN toda la vida, ha sido líder de ese partido, legislador, secretario de Estado y Presidente de la República. Su esposa, Margarita, tiene una carrera política propia en ese partido. Y ambos están en la mitad de su vida. Tiene todo el derecho a opinar y participar. Como me imagino que lo hace Salinas con muchos, sobre todo con los priistas, y Zedillo con empresarios o como intenta hacerlo Fox con su fundación. ¿Alguien puede creer que se puede desestabilizar o que el presidente Peña sentirá vulnerado su poder porque Calderón relance una fundación u opine sobre el PAN, o porque lo haga cualquier otro expresidente? Es absurdo.

Sí hay, en todo caso, reglas del juego que se deben honrar: la principal es respetar la labor del mandatario en funciones, respetar desde allí a quien la han ejercido y a la institución que se representó, la Presidencia, que está por encima de cualquier partido. No siempre ha sido así y eso no parece preocupar tanto.

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