Izquierda: somos pocos pero sectarios

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Jorge Fernández Menéndez 16/12/2013 03:06
Izquierda: somos pocos  pero sectarios

En ocasiones resulta increíble cómo, en la vida o en la política, se puede arrojar por la borda todo lo construido en mucho tiempo de trabajo en unos pocos minutos. Los muchos aciertos que son necesarios para construir necesitan un solo error o una cadena de ellos para que todo se derrumbe. El PRD estuvo construyendo durante todo el año: cambió imagen y discurso, reconfiguró tanto sus acuerdos y alianzas que, en un largo momento del 2013, parecía que el gobierno de Peña Nieto, necesitado de un verdadero aliado en el Congreso, estaría apostando por el PRD y éste sería algo así como la conciencia de izquierda del gobierno.

Por la influencia del PRD, el gobierno federal postergó, hasta que tuvo que pagar altos costos, la implementación de la Reforma Energética. También por mantener ese acuerdo, decidió no actuar, hasta que por lo menos concluyera el ciclo de reformas, contra los grupos violentos que de una u otra forma el PRD prometía, más temprano que tarde, controlar (nunca pudo hacerlo porque no son suyos). El Gobierno del DF, más allá de la evidente buena relación de Miguel Mancera con Enrique Peña, jugó una doble carta: también debió transigir ante bloqueos, manifestaciones y plantones a cambio de esos acuerdos, asumiendo costos altos y esperando en contrapartida más recursos (que sí le llegarán) y un nuevo estatus para la capital que la convirtiera o acercara definitivamente a un estado, lo que se terminó quedando en la congeladora ante la ruptura (y más allá de eso, del desconocimiento de distintos acuerdos previos sobre la civilidad del proceso legislativo del PRD). Ganó el PRD con la hacendaria, obligando al gobierno a colocar gravámenes que éste no quería aceptar. Y perdió todo en la energética por un intempestivo regreso a la estrategia del “No”. Al no aceptar ningún tipo de cambio constitucional se ató de manos y se quedó sin salida. Y hoy tiene menos claro su futuro y sus liderazgos como nunca antes en este año.

Nueva Izquierda administra el partido, pero ha estado desaparecida en el proceso de negociación energética. Zambrano, un día después de que el congreso perredista anunciara que se quedaba en el Pacto, anunció que lo rompía. Ya no fueron a las reuniones, pero enviaron oficiosamente a Jesús Ortega a ver qué salvaba del tema. Decidieron ir por una Reforma Política que le diera luz a la consulta y, si bien cumplieron con ella parcialmente un objetivo, lo cierto es que la Reforma Político-Electoral salió como quería el PAN y como acordó el PRI. Al salir la Reforma Energética se vieron sin preparación, sin profesionales, sin discurso y se refugiaron en las provocaciones y tonterías que desde hace 25 años han constituido un fracaso tras otro. Pero en este caso con un agravante: con un más que evidente desinterés popular.

El cerco de Morena al Senado y luego a la Cámara de Diputados fue una pequeña congregación de acarreados, la mayoría de la tercera edad y sin un real conocimiento siquiera de a dónde iban. La marcha en torno al Ángel de la Independencia, realizada por el PRD luego de que el Morena no los aceptó en su cerca (el colmo del ridículo, la intransigencia y la mejor demostración de aquella frase que decía que “somos pocos pero sectarios”), terminó siendo una peregrinación sin santo al que adorar. Tardó más en instalarse que en desaparecer. Jesús Zambrano hizo tres declaraciones fuertes, dio otras tantas vueltas al Ángel de la Independencia y dejó a los suyos. Cuauhtémoc Cárdenas apareció en San Lázaro para reiterar su posición y se fue. Y en el PRD no hay otros liderazgos.

A todo eso se sumó la mala suerte: López Obrador acabó infartado en el Médica Sur y en lugar de discutir sobre la Reforma Energética, se terminó hablando de sus honorarios médicos. La falta de dirigentes en Morena, ante la ausencia del ex candidato presidencial, fue hasta lastimosa: ni su hijo, Andrés Manuel López Beltrán, ni Martí Batres o Clara Brugada, le dicen algo a la gente, ni siquiera a sus bases. En el Senado, ese buen negociador que es Miguel Barbosa terminó internado de urgencia con, se dice, un coma diabético (esperamos que se mejore). En su lugar, Dolores Padierna y Alejandro Encinas estuvieron muy lejos ser interlocutores confiables de sus homólogos. En Diputados estuvo quizás peor, porque allí sí estaba Silvano Aureoles, pero las huestes radicales del PRD lo ignoraron, no le informaron que tomarían el salón de sesiones y, para colmo, su medio hermano, Antonio García Cornejo, tuvo la ocurrencia de encuerarse ante el pleno, y otra diputada de la corriente hooligang, de mandar al hospital a una colega priista de un puñetazo en el ojo.

¿Y ahora qué? El desconcierto en la izquierda es tanto que, el viernes, hasta terminaron bloqueando las últimas reformas pendientes que a ellos les interesaban. Mejor, dijeron, dejar todo para febrero.

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