Verdad y mentira

¿Se puede informar y hacer periodismo —a secas, sin contenido ideológico— sin tener que difamar? ¡Desde luego que sí! Y en realidad hay en México y en otras partes del mundo profesionales del periodismo que informan y ello lo hacen sin tener que apoyarse en “la muleta” de la mentira y la calumnia.

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Jesús Ortega Martínez 24/12/2013 00:14
Verdad y mentira

El director de la revista etcétera se pregunta a sí mismo y nos pregunta a todos sus lectores: ¿se puede hacer periodismo de izquierda sin calumniar? Mi respuesta es que sí. Agregaría a su pregunta esta otra: ¿se puede informar y hacer periodismo —a  secas, sin contenido ideológico— sin tener que difamar? ¡Desde luego que sí! Y en realidad hay en México y en otras partes del mundo profesionales del periodismo que informan y ello lo hacen sin tener que apoyarse en “la muleta” de la mentira y la calumnia. 

Lamentablemente también existen muchas personas —en México, desde luego— que se dedican al periodismo y que ya no encuentran otra manera de ser escuchadas o leídas si no es a través de calumniar y ello, ya como parte (como en el experimento de Pávlov) de un “reflejo condicionado”.

Es decir: hay “nota” si hay escándalo (alboroto, jaleo, ruido) y para que haya escándalo se puede —dicen— recurrir a todo, incluso a la calumnia y a la mentira.

Es grave si a tales “periodistas del escándalo” sólo los motiva el interés de hacerse notar, de hacerse conocidos, famosos, renombrados y de ello sacar provecho monetario (el amarillismo vende y mucho), pero es más lamentable que desde las páginas de los diarios o desde las pantallas de televisión o desde cualquier medio de comunicación se calumnie con afanes políticos e ideológicos (descalificar, denostar…) o en el extremo,  con propósitos de eliminar al que piensa diferente o simplemente al que es diferente.

En la historia de la humanidad, hay muchos ejemplos de propaganda con objetivos de exterminio. Para Goebbels, un caso, el problema de la humanidad eran los judíos y así lo escribió en diarios y así lo habló para la radio.

Este último es claramente un ejemplo extremo, pero no dejan de aparecer, de vez en vez, los fanáticos, los intolerantes, los fascistas que caracterizan a la política como un asunto de anular o eliminar al que piensa o es diferente.

Stephen Vizinczey en su libro Verdad y mentiras en la literatura, cita a Norman Cohn cuando escribe “sobre miedos y resentimientos interpersonales a nivel de pueblo” y,  dice Stephen en su crítica, “como si los miedos, odios y resentimientos no fuesen entre personas”.

El interés de Cohn, dice Vizinczey, “no es escribir sobre los sucesos (se refiere a las “cacerías de brujas”) sino su propósito es seguir la pista de las conexiones entre las diversas fantasías calumniosas que, desde la antigüedad hasta el día de hoy, han permitido [perseguir, dañar, infamar, denigrar, deshonrar] eliminar a sus víctimas escogidas [y hacerlo] con la conciencia limpia”. 

Dice Vizinczey: “Cuando se trata de sus creencias, las personas son tan incapaces de razonar con sensatez como de volar montadas en una escoba”.

¿Cómo entonces discernir entre la verdad y la mentira? Es un asunto tan complicado que lo que menos ayuda son las creencias, la fe, los dogmas, la ideología.

Quizá pueda ayudar la ley. Por eso la demanda que interpuse.

                *Ex presidente del PRD

                Twitter: @jesusortegam

                http://ortegajesus.blogspot.com/

                ortegamartinezjesus@hotmail.com

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