PRD vs. AMLO: la guerra fratricida

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Ivonne Melgar 07/06/2014 03:27
PRD vs. AMLO: la guerra fratricida

La ruptura que en 2012 protagonizó Andrés Manuel López Obrador con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) ha generado un proceso de atomización de las fuerzas de la izquierda mexicana, sin que nadie hasta ahora tenga la intención ni la capacidad de frenarlo.

El asunto ha comenzado a prender los focos de alerta en la cúpula perredista que preside Jesús Zambrano.

Porque la fragmentación de una oferta, que antes se presentó unida, podría dilapidar en los próximos años el capital acumulado desde que las expresiones políticas de esta opción se incorporaron al régimen de partidos y a la disputa institucional del poder, hace cuatro décadas.

El riesgo de tirar por la borda hasta la posibilidad de que la izquierda encabece una tercera alternancia democrática en México comienza a asomarse de manera cruda en las encuestas de intención de voto para las elecciones intermedias del próximo año.

Uno de los sondeos ahora en los escritorios de los dirigentes del PRD muestra que, a 13 meses de los comicios de 2015, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el nuevo partido de López Obrador, ya cuenta en la Ciudad de México con la simpatía potencial de la quinta parte del electorado.

Y es que, según las encuestas encargadas por los propios perredistas para detectar sus debilidades, los capitalinos que se dicen dispuestos a votar por la izquierda ya están divididos: la mitad aún le apuesta al PRD, pero el otro 50% se inclina por la fuerza del tabasqueño, el Partido del Trabajo (PT) o Movimiento Ciudadano (MC).

Por supuesto que la hegemonía perredista sigue siendo alta, con una intención de voto de 46% entre la población que se asume afín a este espectro político.

Pero si se toman con seriedad estos números, en un momento en que la democracia en el mundo muestra a un electorado volátil y cansado de los partidos tradicionales, el PRD debería asumir el peligro que entrañan estas cifras preliminares, cuando ni siquiera existen candidatos.

Y es que a la pregunta de, ¿por cuál emblema votaría si este año hubiera elecciones entre los partidos de izquierda? 19 % respondió que por Morena, 10 % por el PT y 9.6 % por MC.

Se trata de intenciones políticas que podrían incrementarse significativamente una vez que existan rostros, nombres, perfiles, discursos, competencia, consignas, propaganda, es decir, el entusiasmo electoral que sin duda tendremos en 2015, cuando habrán de renovarse los 500 espacios de la Cámara de Diputados, las 16 delegaciones de la capital del país y su Asamblea Legislativa.

Más allá de la competencia entre las fuerzas consideradas de izquierda, la encuesta que ahora preocupa a los perredistas en la antesala de la próxima cita ciudadana a las urnas revela que el partido gobernante en el DF desde hace 17 años también debe cuidarse de la oposición tradicional.

Porque si bien, 29% del electorado dice identificarse con el PRD, otro 30% le apostaría al cambio con el PRI (17%) o con el PAN (13%).

Las conclusiones de esta fotografía demoscópica alertan qué tan movedizas podrían ser las arenas para el PRD en sus dominados terrenos capitalinos, al señalar que Morena ha tomado fuerza y que López Obrador sigue siendo figura clave para muchos que se asumen como parte de ese partido y de la izquierda en general.

Si estos números configuran un diagnóstico preocupante para los perredistas, que pronto deberán competir con sus excompañeros de partido, el panorama se complica frente al comportamiento de los actores potencialmente afectados, quienes en vez de cerrar filas para salir airosos, ahondan sus diferencias.

Es el caso del propio fundador del partido, Cuauhtémoc Cárdenas; del exjefe de gobierno, Marcelo Ebrard, y del líder de la corriente Izquierda Democrática Nacional (IDN), René Bejarano, empecinados en desacreditar al grupo dirigente del PRD que encabezan Zambrano, Jesús Ortega, Guadalupe Acosa Naranjo y Carlos Navarrete, candidato a la presidencia perredista, a disputarse en agosto próximo.

Llama la atención que ese bloque contrario a Los Chuchos canalice su capacidad mediática para dinamitar a la cúpula partidista y recurra al chantaje de irse a Morena si la dirigencia continúa en manos de ese grupo (Nueva Izquierda).

 Sabedores de que en la elección indirecta serán minoría, los impulsores de la candidatura de Cárdenas a la presidencia del partido continuarán en los próximos meses desacreditando las siglas del PRD.

Pero tampoco Los Chuchos están dispuestos a poner de su parte para frenar el espectáculo. Confían en que ganarán la elección indirecta de Navarrete. Y sólo entonces, después de la demostración de fuerza, negociarán con sus adversarios internos un plan de vuelo común para sortear a AMLO.

Al final habrá encontronazo. Por más amagos declarativos de Bejarano y de Ebrard, los perredistas tendrán que aglutinarse para garantizar su sobrevivencia.

La pauta la marcó ya el propio Cárdenas este jueves cuando responsabilizó al tabasqueño de haber tomado el camino de la ruptura.

Y esta sanción política en voz del fundador del partido anuncia tambores de guerra fratricida.

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