Madero: Pacto efectivo, sí reelección

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Ivonne Melgar 22/02/2014 03:12
Madero: Pacto efectivo, sí reelección

Para mi amado Santiago, en el goce de su voluntad apasionada

 

La cena del expresidente Felipe Calderón con sus excolaboradores marcó los límites que su grupo político afronta para disputarle la dirigencia del Partido Acción Nacional (PAN) a Gustavo Madero.

Justo a partir de ese miércoles 12 de febrero, el camino de la reelección para el actual dirigente blanquiazul comenzó a ensancharse, al tiempo que se desmoronaba la ilusión del senador Ernesto Cordero de armar un bloque antimaderista, al que se sumaría la excandidata presidencial, Josefina Vázquez Mota, y el exgobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva.

Porque en política la forma es fondo, y la ausencia de la exsecretaria de Educación en el relanzamiento de la vida pública del exmandatario hizo manifiesta su distancia con el calderonismo, uno de los saldos de la derrota en las urnas.

La negativa de Josefina a compartir la mesa y la sal con Calderón no quedó en la mera anécdota personal si, como dicen las encuestas, ella es la figura más querida por los panistas, quienes en un segundo lugar guardan especial reconocimiento por Margarita Zavala, la esposa del expresidente.

A ese tropiezo se suma el discurso aclaratorio del senador Cordero de que él no representa al calderonismo, una muestra de debilidad del equipo del exmandantario, consciente de la necesidad coyuntural de tomar distancia.

Y al desinflarse el bloque antirreelección, la ofensiva que el senador Cordero traía hacia la dirigencia —tildándola de sinónimo de corrupción— se personalizó, convirtiéndose en un recurso de desesperación política, como lo cuestionó el exdirigente del partido, Germán Martínez, en un artículo de prensa.

Ese llamado de atención, en voz de un excercano a Calderón, vino acompañado de una idea que se viralizó esta semana: Madero tiene méritos y apoyos para conducir al partido en los comicios del 2015, momento en que la estafeta del calderonismo sería tomada por Margarita Zavala, quien aspira a liderar a los diputados blanquiazules.

Por eso la relevancia de la disputa de la dirigencia en mayo próximo, cuando Cordero, en mancuerna con Oliva, tratarán de frenar la reelección, un escenario con posibilidades crecientes.

Habrá quienes atribuyan esa ventaja a la cercanía del presidente panista con el gobierno de Enrique Peña en la mesa del Pacto por México, donde se acordaron las reformas en educación, telecomunicaciones, político-electoral y energética.

Pero más allá de la falacia de pretender una oposición reacia al diálogo y al consenso, Madero va adelante porque, con un PAN que las urnas colocaron en tercer lugar, consiguió que varias demandas históricas —como la apertura de Pemex al capital privado o el acotamiento de los gobernadores en materia electoral— se convirtieran en ley, sin perder capacidad de avance en los comicios de julio de 2013.

Subestimado por el calderonismo, el exsenador depuró el padrón de la militancia; empujó el cambio de estatutos para que ésta defina con voto directo a sus dirigentes; coptó a cuadros antes afines a Josefina y a Cordero; se convirtió en interlocutor de los gobernadores frente al gobierno de Peña; se opuso a la Reforma Hacendaria y se rodeó de perfiles emergentes.

Al respecto, en octubre pasado sugeríamos aquí que la reelección de Madero pasaría por un relevo generacional que él mismo impulsaba en el Congreso, y cuyo principal rostro era el actual presidente de la Cámara de Diputados, el queretano Ricardo Anaya Cortés.

Entonces nos preguntábamos si se trataba de una estrategia deliberada para darle oxígeno a un partido cuya militancia tiene en promedio 52 años. Hoy sabemos que la respuesta es afirmativa y que el destacado legislador irá en la planilla de la reelección como secretario general y antes tomará las riendas de la campaña.

Anaya Cortés pedirá licencia en San Lázaro en los primeros días de marzo. Y Madero cerrará febrero con una visita a Washington, acompañado de los coordinadores del Senado, Jorge Luis Preciado, y de la Cámara de Dipitados, Luis Alberto Villarreal García. Allá se proyectará como un artífice de las reformas. 

A su regreso, vendrá  la salida del partido y la demostración de músculo con un equipo que igual incluye a Santiago Creel que a Marco Antonio Adame, hombres clave del Pacto, como a la mayoría de los gobernadores azules.

Queda pendiente, sin embargo, la capacidad del chihuahuense de conseguir un acuerdo con Josefina, quien pronto formalizará su negativa a disputar la dirigencia. Si Madero logra establecer una vía institucional para involucrar a la excandidata presidencial en la vida partidista, el camino de la reelección estará menos empedrado.

De lo contrario, la polarización entre el calderonismo y el maderismo seguirá deteriorando la imagen del PAN y alejando a quienes no quieren adherirse a ningún grupo.

Por lo pronto, en medio del ruido mediático generado por la última Cuenta Pública del sexenio anterior, caracterizada por presuntos malos manejos, la coyuntura le sonríe al descendiente del prócer de la democracia, cuyo lema bien puede parafrasearse: Pacto efectivo, sí reelección.

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