A quién le dan pan que llore

La pregunta le caerá de perlas a millones de compatriotas pobres.

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Germán de la Garza Estrada 02/09/2014 00:00
A quién le dan pan que llore

Las consultas populares anunciadas por Acción Nacional, el PRI y el PRD (de las que nos ocupamos en este espacio la semana anterior) tienen un denominador común: es fácil saber cuáles serán las respuestas. Esto, que parece tan simple, inevitablemente alienta la suspicacia ciudadana: ¿para qué consultar si ya se sabe cuál será la respuesta?

Veamos la de mi partido, el PAN. En reciente reunión plenaria de los senadores panistas, Gustavo Madero, líder nacional del partido, confirmó que la estrategia político-electoral para 2015 es la consulta popular sobre el alza al salario mínimo. La gente le dirá que sí a esta propuesta del PAN, en el sentido de que se reforme la Ley Federal del Trabajo, a fin de que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos fije un nuevo sueldo mínimo que satisfaga todas las necesidades de una familia. Además, parece la más viable, pues se trata de reformar una ley secundaria, no la Constitución. Ahora sí que ¿a quién le dan pan que llore?

Hay que advertir, sin embargo, que tal vez la pregunta panista llegue tarde (se haría hasta el primer domingo de junio del año próximo, a la par de los comicios federales), porque en Los Pinos ya hizo ruido el tema y parece que el jefe del Ejecutivo prepara su propia iniciativa, al tiempo que el jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, va en caballo de hacienda con la suya.

La consulta del PRI será para preguntar  si se está de acuerdo en que se borre de la nómina legislativa (costosa según la percepción popular), a 100 diputados federales y 32 senadores plurinominales. La pregunta le caerá de perlas a millones de compatriotas pobres que viven (o sobreviven) al día, indignados por escandalosos casos de corrupción y por el despilfarro de recursos públicos; no se detendrán a reflexionar sobre si hace falta para nuestra democracia una oposición responsable. Obviamente, también dirán que sí a la consulta priista, si ésta pasa la aduana en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. 

Finalmente, pero no menos importante, está la consulta del PRD para saber si los ciudadanos estamos de acuerdo en darle marcha atrás a la llamada Reforma Energética, controvertida por todos los sectores políticos y sociales, a favor y en contra.

Creo, sea dicho con todo respeto, que todo lo maléfico que le imputa hoy parte de la llamada izquierda a la Reforma Energética, debió exponerse a tiempo en el seno del Pacto por México o en la tribuna de cualquiera de las cámaras del Congreso de la Unión, y que la consulta que hoy busca el PRD parece extemporánea.

 Si para alguien es crucial la Reforma Energética aprobada, es para el presidente Enrique Peña Nieto. Han sido tantas las expectativas cobijadas en las reformas integrales, que hoy no puedo menos de recordar el refrán: “El prometer no empobrece, dar es lo que aniquila”. Crucemos los dedos para que a Enrique Peña Nieto le vaya bien y que de las reformas deriven beneficios directos para nosotros los ciudadanos. Este es un desafío mayúsculo para el Presidente de la República.

 De vuelta al tema: ¿para qué consultar si ya se sabe cuál será la respuesta? Todos lo sabemos: el interés es electoral. El eje de la carreta tiene un número, y este es 2015.  En Los Pinos, en el Congreso de la Unión, en los partidos políticos, todo se mueve (y es explicable que así sea) en torno al primer domingo de junio del año próximo, cuando habrán de celebrarse las elecciones federales intermedias. Hay que asegurar simpatías y votos.

En todo este escenario, creo que se soslaya un punto clave: el encuentro genuino, físico, insustituible, con el ciudadano, fuente original de todo poder político. Actuemos con prudencia y sensatez. Toquemos a la puerta del ciudadano.

Recordemos a Otto von Bismarck, El Canciller de Hierro, el estadista, militar y político, precursor del Estado alemán moderno, que desde el siglo XIX creyó en las alianzas internacionales, no en la confrontación, para asegurar la existencia del Reich. Bismarck advertía: “Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”.

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