Nada fácil

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Gerardo Galarza 24/08/2014 00:24
Nada fácil

La verdad es que no es nada fácil. El escribidor lee en la primera plana de Excélsior del martes 19 de agosto: “La reforma de 1992 fue negativa: Sagarpa”.

El título, la “cabeza”, como se dice en las redacciones de los periódicos, presenta una entrevista de Pascal Beltrán del Río, director editorial de nuestro diario, con Enrique Martínez y Martínez, secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, reducida a Sagarpa, en el noticiario Titulares de Excélsior TV.

De acuerdo con don Enrique Martínez y Martínez, la reforma al artículo 27 constitucional en lo referente al ejido, en lo particular, y al campo en lo general, promulgada en 1992 y aprobada en diciembre de 1991, pues simplemente no funcionó, y el campo mexicano está igual o peor que en esos años.

Entonces, recordar no es buena idea. Mucho menos ir a la hemeroteca a intentar recuperar lo vivido en días y noches de presuntas discusiones en la Cámara de Diputados. Pero también una lección para los tiempos que hoy se viven: las palabras, inclusive aquellas pronunciadas en la más alta tribuna de la nación (no se burle usted, así se le dice o se le decía a la tribuna de la Cámara de Diputados), y plasmadas en la Constitución, se las lleva el viento.

Pero, qué se le va a hacer; se tiene que recuperar la memoria. Y por lo menos recordar aquellos días-noches de noviembre y diciembre de 1991 en los que supuestamente se discutió el futuro del país. Entonces, como hoy, se habló y se denunció a los vendepatrias y, en contraposición, a los comprapatrias. La contrarreforma agraria, dijeron unos; el inicio de la modernización del campo, respondieron los otros.

Fue muy sencillo o muy complejo, según se vea. El entonces presidente Carlos Salinas Gortari envió una iniciativa al Congreso de la Unión para modificar el artículo 27 constitucional, esencialmente para que los ejidatarios tuvieran posesión total de sus tierras y pudiesen establecer convenios con inversionistas privados para incrementar la producción en el campo. La propuesta salinista no modificó el capítulo agrario del artículo 27 constitucional, cuyo original ya había sido reformado durante el gobierno del presidente Miguel Alemán.

Pero, como ahora, se trataba de modernizar al país. Se discutía entonces la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Se pronosticaba la apropiciación del campo mexicano (producto, según se dijo, de las luchas de Zapata, Villa, Carranza y Obregón, entre ellos y contra sus enemigos) por parte de las transnacionales. En el mejor de los casos, los grandes empresarios mexicanos serían los nuevos latifundistas y los ejidatarios se convertirían en los nuevos peones acasillados.

Si usted no lo cree, pues revise los textos periodísticos y académicos de la época. Los puede encontrar todavía; no tienen más de 25 años. El escribidor revisó algunos de ellos y esencialmente un libro, ahora inconseguible, titulado El nuevo Art. 27. Cuestiones Agrarias de Venustiano Carranza a Carlos Salinas, una recopilación con un magnífico ensayo introductorio de Eduardo Valle, El Búho, en una editorial prácticamente inexistente: Editorial Nuestra, S.A.

Entonces, como ha ocurrido en los días recientes, muchos reporteros y algunos diputados no durmieron pensando que veían testificar la historia unos, y otros que la hacían. Hoy, el secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa, para los cuates) dice que aquella reforma no sirvió para nada: “En 1980 teníamos niveles de 63 mil pesos de productividad (en el campo), de producción per cápita del sector dedicado a la agricultura, y en los 90 se fue a 50, y en los (años) 2000 sigue en 50”, dijo en Excélsior TV.

Que no joda el titular de la Sagarpa. Nosotros, dice el escribidor arrogándose impunemente la representación de aquellos que lo vivieron, no nos desvelamos para enviar para su publicación notas periodísticas que ahora son intrascendentes. Nosotros, los de entonces, éramos simples reporteros. “¿Qué podíamos hacer?”, decimos hoy. Quizá lo que hoy podemos decir es que entonces éramos ingenuos, pero también exigir que dentro de 20 años no haya motivos para escribir que las reformas constitucionales ocurridas entre 2013 y 2014 no dieron resultado alguno. ¿Imagina usted a un escribidor contando el fracaso de las reformas educativa, fiscal, hacendaria, de telecomunicaciones, político-electoral, laboral, energética? Por lo pronto, está visto que la educativa no va... Las demás, veremos.

Revisar la hemeroteca también tiene algunas compensaciones: 1991 fue el año en que los votantes obligaron a los priistas Ramón Aguirre y Fausto Zapata a renunciar a sus presuntos triunfos en las elecciones para gobernador en los estados de Guanajuato y San Luis Potosí. Hay quienes sí lo olvidan, al igual que otros de sus compañeros no recuerdan los cargos públicos, incluido el gabinete presidencial, que ocuparon en esos años. Otros saben que entonces se amplió la democracia mexicana, la que hoy se intenta acotar.

No, no es fácil volver al futuro. Allá habrá quienes nos reclamen. Ya nacieron, ¡eh! La verdad, la verdad, no es nada fácil.

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