Poder

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Gerardo Galarza 30/03/2014 01:14
Poder

Las disputas entre los políticos y sus organizaciones, tanto en lo interno como lo externo, son luchas por el poder. Siempre. Sin excepción. No hay sorpresa.

Pero hay de luchas a luchas.

Hoy, los dos partidos de oposición mexicanos viven inmersos en nuevas luchas internas, además de sus permanentes luchas externas. Ambas, por el poder.

Los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), esenciales para el país por los contrapesos políticos que significan o al menos deben significar, renovarán en los próximos meses sus dirigencias nacionales.

Curiosamente, esta vez el PAN ha optado por la elección abierta al voto a todos sus militantes, cuando en su historia, la elección de su dirigencia nacional había sido a través de un método democrático pero indirecto, el de los votos de los miembros de su Consejo Nacional, es decir, técnicamente, la élite de ese partido. El PRD, en cambio, esta vez elegirá a sus nuevos dirigentes nacionales no mediante la votación abierta a todos sus militantes, sino mediante una votación cerrada en la que sólo participarán los miembros de su Consejo Nacional, lo que ya ha ocurrido en algunas ocasiones. Lo cierto es que ambos partidos van contra sus métodos tradicionales.

La campaña interna del PAN está en pleno desarrollo; la del PRD también, pero con dudas en sus candidaturas finales. Ambos están en tiempo legal, estatutario, aunque en ambos partidos sus dirigentes salientes ya cumplieron con el periodo para el que fueron seleccionados. En el PAN, Gustavo Madero ha tenido que dejar su cargo de presidente del Comité Ejecutivo Nacional (lo que permitió que, por primera vez, el cargo de “jefe nacional” panista, como se le llamaba antes, haya recaído en una mujer, Cecilia Romero) para buscar su reelección en cosa de mes y medio; en el PRD, el mandato de Jesús Zambrano y su comité ha sido extendido hasta agosto próximo para realizar la selección interna.

Hay otra curiosidad: hoy, la elección interna del PRD y sus llamadas tribus parece tersa frente a la del PAN, que vive una campaña basada en ataques, filtraciones, demandas y hasta insultos... muy lejana a la que quizá (sólo quizá, porque no están para decirlo) imaginaron los fundadores de ese partido, encabezados por Manuel Gómez Morin. Un apunte: en democracia, los partidos, los sindicatos, cualquier organización social o gremial tiene el derecho inalienable de elegir a sus dirigentes de la manera que sus miembros  —la mayoría, en el caso extremo—  quieran.

Los debates internos en el PAN no son novedad. Han ocurrido a lo largo de su historia. Es más, fueron prenda de orgullo democrático para sus militantes, quien los ponían como ejemplo de respeto a la discrepancia frente al autoritarismo  —interno y externo—  priista. “Veías y oías y terminabas pensando: éstos se van a matar”, recordaba un panista obrero, Gerardo Medina, de sus tiempos de reportero de La Nación y añadía: “...y no. Al final, ganara quien ganase, salían juntos y dispuestos a la lucha de siempre”.

Todavía, hace 20 años, los panistas discutieron entre los “doctrinarios” y los “neopanistas” (antes había sido por el concepto de democracia cristiana, luego, por el solidarismo o por la participación de los empresarios, entre otros temas más o menos torales, ideológicos). Unos y otros, unos más que otros, decían apegarse a los principios de doctrina originarios del PAN.

Pero hoy, esos debates internos parecen muy lejanos. No hay sorpresa. La lucha entre políticos o en sus partidos o en sus organizaciones siempre será por el poder; el poder simple, sin el ancla de la doctrina. En el PAN o en el PRD. En lo que se sigue llamando, por comodidad, sólo por comodidad teórica,  izquierda o derecha o centro, y también en esa entelequia que en México se llama la “ideología de la Revolución Mexicana”. El escribidor lo sabe no tanto porque lo haya leído en algún texto clásico sobre teoría política, sino porque lo ha visto, escuchado y leído a través de muchos años de ejercicio reporteril.

Lo que sorprende es el nivel de la actual lucha política interna del PAN. Terrible. ¿Alguno de esos luchadores de arena de boxeo habrá leído alguna vez a Gómez Morin, a Efraín González Luna, a Adolfo Christlieb Ibarrola, a Efraín González Morfín, vamos, a Carlos Castillo Peraza? ¿Muchos de ellos sabrán quiénes fueron y qué significaron esos personajes para el partido en el que dicen militar?

Ahora, de manera descarnada en ese partido, lo único que importa es el poder por sí mismo. Los actores de esa lucha son todos personajes menores, pero de entre quienes surgirán los dirigentes nacionales. No parece haber un futuro luminoso para el PAN, sus militantes y la corriente política que representan en la vida política nacional.

Al país no le irá bien y será peor si en el PRD se repiten estos extremos. Ojalá todos los políticos, todos, no sólo panistas y perredistas, entendieran que el poder debe ejercerse en beneficio de la sociedad.

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