Leyendas

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Gerardo Galarza 23/03/2014 02:03
Leyendas

El pasado lunes 17, el secretario de Seguridad Pública de Michoacán, Hugo Castellanos Becerra, anunció la detención de Manuel Plancarte Gaspar, sobrino de Kike Plancarte Solís, presunto líder de Los Caballeros Templarios, y de Ricardo Morales Torres, como presuntos responsables de tráficos de órganos humanos que extraían de niños secuestrados.

“Hay señalamientos de la red de complicidades de diversos presuntos responsables que participaban en ubicar a personas con ciertas características, dando preferencia a menores de edad, para después privarlos de su libertad y trasladarlos a casas que eran rentadas previamente, en donde existía un equipo y médicos para extraer sus órganos y, posteriormente, venderlos”, dijo textualmente el funcionario, según la nota de mi compañero Miguel García Tinoco, corresponsal de Grupo Imagen Multimedia en Michoacán, publicada aquí en Excélsior.

Vista y leída así fue una gran noticia. Finalmente, un funcionario público mexicano reconocía oficialmente lo que muchos, incluido este escribidor, creen una simple leyenda urbana.

Por fin habría datos que validarían aquellas versiones de fines de los años 80 del siglo pasado, o de antes (los robachicos, le llamaban) o de después, de niños deambulando abandonados en cualquier calle sin un riñón, una córnea o un pulmón (sin corazón, estaba difícil de creer), o jóvenes que despertaban rodeados por cubitos de hielo, luego de haber sido drogados y anestesiados, en la tina del baño de un hotel, también sin alguno de sus órganos.

Las víctimas eran, casi siempre, personas de escasos recursos económicos y los beneficiados por el robo de órganos eran, casi siempre, personas con mucha riqueza y casi siempre estadunidenses.

La “historia real”, como ocurre con todas las leyendas urbanas, siempre tiene como fuente de información a amigos o parientes de aquellos que la contaban, quienes aseguran que sí conocían a la víctima o alguno de sus familiares.

Y no es que se niegue la probabilidad del tráfico y compraventa de órganos humanos. Es probable que haya habido, en México no se ha documento algún caso, por cierto, algún homicidio, alguna compra ilegal con la anuencia del vendedor o el robo de algún órgano, pero es casi imposible. Los trasplantes de órganos, en México y en el mundo, no son cosa fácil ni barata.  No se pueden hacer en cualquier hospital y mucho menos en un cuarto improvisado. Requieren de mucha tecnología, mucho protocolo médico, mucho personal médico especializado, mucha instalación hospitalaria; la vida útil del órgano extraído y su traslado son muy complicados…  y son muy costosos. Y para el caso de trasplantes con órganos robados, el número de cómplices tendría que ser muy alto.

Entonces, la anunciada secrecía de las investigaciones de las autoridades michoacanas, que incluyó los nombres de los municipios en lo que habrían ocurrido los hechos y el número y nombres de las víctimas, era muy comprensible. Pero se supuso, y debe seguirse suponiendo, que al completarse el caso y resolverse judicialmente, seguramente habrá historias de un alto contenido periodístico.

Sin embargo, todo indica que no las habrá. Luego luego, el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, desestimó la gravedad de la acusación del funcionario michoacano y, con lógica, dijo que en México ese delito no es grave en el sentido numérico de su comisión, pero que se trata de evitar que crezca. 

Más tarde, el comisionado del gobierno federal en Michoacán, Alfredo Castillo, habló de extracción de órganos humanos para rituales de iniciación de los llamados Templarios, según las declaraciones  —dijo— de los detenidos. Bueno… como aquella banda llamada Los Narcosatánicos.

Ahora, como siempre, se requiere de información real, verídica, completa, aunque no sea del gusto de los ciudadanos o de las autoridades o de ninguno de los dos.

Tampoco se trata de negar la existencia de delitos como el secuestro o la desaparición de personas. De ninguna manera. Las autoridades están obligadas a resolverlos todos, los grandotes y los chiquitos. Para eso están. Pero la falta de documentación, de evidencias, de pruebas, de hechos constitutivos de delitos provocan la impunidad.

¿Las autoridades michoacanas podrán probar ante un juez los delitos de tráfico y extracción de órganos que imputaron a los dos detenidos el lunes 17, presuntos integrantes de Los Caballeros Templarios? Si no lo hacen, esos presuntos criminales quedarán libres, para decepción de los ciudadanos que confían o quieren confiar en las instituciones. ¿Fue una “estrategia” mediática para llamar o desviar la atención de otros problemas michoacanos, como el enredo jurídico, judicial, político, económico, social en el que se ha convertido el asunto de las autodefensas?

Ni modo, la leyenda urbana seguirá existiendo como tal. La desinformación, la manipulación, la ignorancia y las leyendas se combaten con información que, intrínsecamente, debe ser cierta por naturaleza propia.

CAMBIO DE VÍAS.- Si a usted le interesa información real sobre los trasplantes de órganos en México, el escribidor le recomienda visitar la página web del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra), en la siguiente dirección electrónica: http://www.cenatra.salud.gob.mx, entre otras fuentes de información con datos confiables.

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