El último out

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Gerardo Galarza 22/12/2013 01:30
El último out

A los nueve años de edad no se sabe nada. Todo sorprende, todo marca, para bien y para mal. Es la edad para crear y creer en los mitos, en el sentido de leyendas.

En mayo de 1966, el escribidor leyó la nota periodística de la muerte del torero Carlos Arruza en la que el reportero del diario Ovaciones (una asignatura siempre pendiente es recuperar el texto para darle el crédito que le corresponde) redactó la noticia en forma de carta dirigida a Arruza en la que le contaba al propio torero el accidente en la carretera México-Toluca en el que perdió la vida.

El escribidor no tenía la capacidad para imaginar cómo era posible escribir una carta a un muerto en la que se le contaba su propia muerte.“Ya muerto, no puede leer”, era la lógica infantil. La respuesta era sencilla: las palabras, su escritura, el periodismo lo permiten. Éste es uno de los gozos del oficio.

Eran otros tiempos de México. De construcción de mitos, leyendas, paradigmas. El mismo periodismo deportivo era diferente. El autor de aquella nota-carta (entonces no había“periodismo narrativo” ni conceptos similares) perteneció a una pléyade, así se decía, de cronistas que alimentaron las leyendas de nuestra niñez, convertidas en mitos adultos: Manuel Seyde, Fernando Marcos, Ángel Fernández, Enrique Llanes, Antonio Andere, Jorge Sonny Alarcón, Óscar El Rápido Esquivel, Pepe Alameda, entre otros, hombres cultos, lectores amantes de las palabras, creadores de frases, inventores de apodos, hacedores de ídolos.

Futbol, beisbol, boxeo, toros, lucha libre, billar, también el cine y la radio y la televisión… Los Juegos Olímpicos y el Mundial de 1970, en un México ido ya, un país del siglo pasado.

Pedro El Mago Septién, “marqués de Querétaro y balnearios circunvecinos”, según lo llamaba Sonny Alarcón para acosarlo por sus devaneos aristocráticos, fue el último de ellos. Murió la noche del pasado miércoles 18, en plena lucidez, a sus 97 años. Juntos llevaron al paroxismo a uno de los últimos ídolos populares mexicanos: Fernando El Toro Valenzuela. Consiguieron hacer nuevos aficionados al beisbol, “un deporte exacto”, aunque tenga “20 millones de combinaciones”, y que “construye monumentos y destruye catedrales”, según decía.

De todos los que oyeron a don Pedro muy pocos olvidarán que por él supieron que el Yankee Stadium es la casa que construyó Babe Ruth, en donde el 8 de octubre de 1956 ocurrió el único juego perfecto en una Serie Mundial, lanzado por Don Larsen de los propios Mulos de Manhattan, aunque él reconocía y proclamaba que nunca vio nada igual como el juego sin hit ni carrera de Bob Feller, de los Indios de Cleveland contra los Yanquis en ese mismo estadio, definido en la última entrada mediante un jonrón de Frankie Hayes, que marcó la única carrera del partido, el 30 de abril de 1946, cuando sólo faltaba un out. De ahí aquello de que “las grandes tragedias del beisbol se escriben en la novena entrada con dos outs en la pizarra”.

Mi compañero Héctor El Rojo Linares recuerda cómo muchos años después en una entrevista El Mago le narró de memoria esa última entrada, con la emoción de la primera vez. Y le explicó que fue una gran hazaña por la novena que tenían los de Nueva York, encabezada por Joe DiMaggio, Phil Rizzuto, y el King Kong Keller

Pero sus conocimientos y sus recuerdos no se limitaban a las grandes hazañas de los héroes del beisbol. Fue capaz de convertir en mitos jugadas que de otra manera hubieran sido olvidadas o cuando mucho serían meras anécdotas. Una de ellas fue su célebre “hit de sol”, ocurrido al parecer en un juego cualquiera en 1932, y que no fue otra cosa que la mala jugada de un jardinero al no poder atrapar un batazo elevado, deslumbrado por el sol. Los que lo conocieron cuentan que si alguien ponía en duda alguno de sus recuerdos, El Mago recurría a sus libretas que siempre lo acompañaban y encontraba el box score del juego correspondiente para demostrarlo palmariamente.

Si el beisbol fuese justo en lugar de ser sólo exacto, debería reconocerle al Mago la creación de la que debería llamarse la Regla Septién: “Contra la base por bolas no hay defensa”. Contra la muerte están los recuerdos de la vida, sus emociones y sus decepciones, aunque luego del último out sólo queda, como decía, “la frialdad de los números”: 75 años de oficio, 56 series mundiales de beisbol, seis mil 500 juegos narrados y miles, millones de palabras que le permitieron crear sus historias, sus mitos y sus leyendas, incluida la propia.

CAMBIO DE VÍAS.- Son tiempos de descanso, alegría y también reflexión. ¡Que la Navidad y su Pascua sean felices para todos y que 2014 sea el mejor año! (Un anuncio: por mantenimiento, esta Estación reabrirá sus puertas el próximo 19 de enero).

 

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