Futbol: los rituales de la derrota

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Francisco Guerrero Aguirre 02/07/2014 03:13
Futbol: los rituales de la derrota

Para Lorenzo Córdova, con solidaridad y afecto.

 

En una gran narrativa cinematográfica, Olallo Rubio recorre con genialidad la atropellada historia de México durante los mundiales. Su película Ilusión nacional es un testimonio sociológico sobre múltiples derrotas y eventuales victorias, que han venido conformando nuestro récord en el deporte más popular del mundo.

Para quienes hemos sido testigos del trompicado recorrido de nuestra Selección, a través de décadas, la obra de Rubio ayuda a poner en perspectiva los verdaderos alcances de nuestro país en este tipo de contiendas mundiales.

Hoy, que vivimos nuevamente la resaca del descalabro de nuestro equipo ante la selección holandesa, es importante recordar los rituales que hemos venido construyendo para procesar la desilusión y el desánimo que nos dejan los fracasos sobre el terreno de juego.

Ante la fortaleza de poderosos intereses comerciales, los mundiales son el pretexto perfecto para ensalzar los sentimientos más profundos del nacionalismo y sobredimensionar las posibilidades de éxito para la Selección Nacional. En un ambiente festivo de expectativas desbordadas, nos hemos doctorado en rituales que buscan romper con un pasado con pocos episodios de victoria.

En estos ritos colectivos, el primer paso consiste en alimentar la esperanza, con el propósito de construir un ánimo de triunfo que no siempre corresponde a nuestra posición real en el ranking internacional o a los precedentes en competencias anteriores. Esta sobredimensión artificial de nuestras capacidades pretende hacer a un lado nuestras flaquezas, exagerando las perspectivas de una proeza que nunca llega.

El segundo paso de nuestro ritual es el más doloroso. En esta etapa, ante la dureza de la pérdida, la tristeza envuelve a l@s aficionad@s, buscándose siempre explicaciones suficientes para justificar el descalabro. Encontrar en otros, por ejemplo el árbitro, la causa de nuestros fracasos es siempre un bálsamo que nos evita hacer un ejercicio genuino de autocrítica.

La tercera y última estación de nuestro rito corresponde a la aceptación de la derrota como elemento consustancial de nuestra historia, no sólo en el futbol sino en muchos episodios de nuestro devenir como nación. Perdemos porque “el destino así lo quiere” y es parte de nuestro código genético; nunca aceptamos que los rivales pueden ser más efectivos o simplemente mejores.

La parte más sorprendente de estos rituales pasa por nuestra enorme capacidad para digerir frustraciones y renovar de inmediato la esperanza por un futuro mejor. Aunque sabemos que el fracaso ha sido un compañero recurrente, eso no impide que en el porvenir nos volvamos a poner la camiseta para la próxima competencia.

El futbol se ha transformado en un enorme y lucrativo negocio global en el que México tiene un lugar importante, tanto por lo apasionado de su afición como por el papel que ese deporte ocupa en su entramado social. La Selección Mexicana genera múltiples ganancias, particularmente, en ciudades norteamericanas donde viven millones de paisanos.

Pero además, ante una población con poco afecto por sus políticos y sus correspondientes partidos, el futbol unifica a todos los niveles de ingreso en una suerte de “religión lúdica” que sustituye con afición desmedida la desilusión continua por la corrupción y la ineficacia en los asuntos públicos.

BALANCE

Como se ha dicho con frecuencia, “el futbol es la cosa más importante de los asuntos poco importantes”. Quienes lo seguimos lo hacemos porque así fue inculcado por nuestros padres y machacado minuto a minuto por los medios masivos de comunicación. Es un fenómeno social complejo que cataliza alegría, desilusión y rechazo, todo al mismo tiempo.

Encontrar un punto medio que aprecie los valores positivos de este deporte, sin caer en una actitud de fanatismo, flagelación y pesimismo, es una asignatura pendiente en un país que debe aprender a controlar sus excesos y a disfrutar sus alegrías. Los rituales de la derrota nos han enseñado que la vida sigue. Ahora no será la excepción.

Twitter: @pacoguerreroa65

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