Gelman

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Fernando Serrano Migallón 16/01/2014 02:18
Gelman

La conciencia de la vida es también la conciencia de la muerte; el paso definitivo arrastra consigo no sólo al sujeto, sino a su entorno y a todo cuanto significa para los demás, para su tiempo y su espacio. Trascender, como lo hacen los escritores o los artistas, resistir ese aluvión que la muerte se lleva como cauda, imponiéndose el hombre frente a lo indefectible, sometiendo con su palabra el olvido.

Juan Gelman tuvo que partir. Se ha terminado el “gelmaneo”, aquel su arte de crear palabras, neologismos, diminutivos y nuevos formatos para decir las cosas; se ha terminado la lucha de un hombre frente a la injusticia y el autoritarismo, la guerra del poeta contra la dictadura. Gelman representa al escritor que se opone a la violencia a través de las palabras, que presenta la muralla gigante del verso frente a la tortura, el olvido y el silencio.

Los latinoamericanos hemos gastado ya muchas décadas averiguando verdades amargas, construyendo la democracia y buscando la justicia; son muchos los años y los días quemados en el descubrimiento de los crímenes, de la identidad de los responsables y en el establecimiento de las sentencias; tiempo bárbaro de conocimiento de verdades que martirizan la conciencia de un continente sometido a múltiples violencias; sin embargo, este conocimiento del dolor se vuelve potencia creativa en Juan Gelman; alquimista extraño y pleno, que transformó el peor y más acre de los venenos en poesía y luz, en esperanza y resistencia.

América Latina optó por construir la reconciliación y el futuro a partir del conocimiento; Santiago de Chile construyó un museo en el que exhibe las huellas de un pasado horrendo; Paraguay comparte los archivos de una de las más bárbaras dictaduras de aquellos días; otros pueblos siguen sufriendo los embates del pasado por temor a no enfrentar con la luz de la inteligencia los días de la oscuridad.

Hace ya casi una década Juan Gelman recibió la medalla Isidro Fabela que le otorgó el Consejo Técnico de la Facultad de Derecho de la UNAM. Dos cosas quedaron en la memoria colectiva de la Facultad desde entonces: el llamado profundo de Gelman por la reconciliación a través de la ley, la paz y la justicia, y la corriente de comprensión y cariño que circuló de inmediato entre los estudiantes y el poeta. Así, de pronto, como si un viejo tío o un hermano mayor largamente esperado hubieran vuelto a casa, los estudiantes de la de Derecho establecieron un diálogo afectuoso y profundo con el poeta, es una tarde que recordamos dotada de especial belleza.

A Gelman tendremos que recurrir todavía muchas veces, cuando la desesperanza nos amenace, cuando parezca todavía muy lejano el objetivo de una sociedad más justa; cuando parezca que nuestras fuerzas no son suficientes para sostener el sueño de una convivencia más armónica y más igualitaria; entonces podremos volver a aquel hombre que sufrió mucho por causa de la justicia, pero que sonreía por causa del amor a este país que supo hacerlo hijo propio; tendremos que volver a Gelman y recordaremos de él un verso: “La furia no me deja solo conmigo”, para que esa furia, compañera de todos los latinoamericanos se convierta en resistencia y fuerza, en afán de justicia y en entereza frente al dolor y el olvido.

Se ha ido Gelman y nos duele mucho, a quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, a quienes hemos tenido el placer de leerlo, a todos los latinoamericanos que tenemos cuentas con la historia, y que queremos saldar con la paz y el crecimiento. Se fue Gelman, pero nos dejó con esa soledad esperanzada que estará siempre llena de gratitud, de cariño y de recuerdos.

Gracias, muchas gracias, Juan.

                *Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

                fserranomigallon@yahoo.com.mx

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