La Vie en Rose

Rajoy recibió con regocijo el pronunciamiento de Angela Merkel en contra del buscado referéndum sobre la autonomía catalana...

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Félix Cortés Camarillo 26/08/2014 02:03
La Vie en Rose

El tercer gobierno del presidente François Hollande ha durado solamente 147 días. El primer ministro Manuel Valls ha sido encargado el lunes de formar un nuevo ejecutivo en medio de una crisis de confianza que llevó al presidente a un nivel de aprobación de apenas 17%, el más bajo desde que asumió la presidencia en 2012.

El estancamiento de la economía, con el desempleo galopante ha llevado al descontento socialista a niveles de hastío. Sin embargo, la causa del descontento francés se encontraba el lunes en el país vecino, concretamente haciendo la emblemática peregrinación española a Santiago. Angela Merkel, la gobernante de Alemania, ha sido objeto de un recibimiento y una compañía particularmente cálida por parte del presidente del gobierno español, el señor Rajoy. Junto con él la señora Merkel estuvo frente a la efigie del santo en un acto de sincronía política más que de ecumenismo religioso. Ambos provienen de la derecha de sus respectivos países.

Rajoy recibió con regocijo el pronunciamiento de la alemana en contra del buscado referéndum sobre la autonomía catalana. El tema es muy sensible y la canciller se la jugó pidiendo apoyo para Rajoy en el rechazo al separatismo.

Es que la situación europea dista mucho de ser apacible. La señora Merkel está siguiendo muy de cerca los pasos de Margaret Thatcher, montada en su pragmatismo duro de extrema derecha. La crisis estacionaria que pasa por los caminos de Ucrania significa una prueba fundamental para Alemania. Son las exigencias de austeridad y efectividad las que han causado la caída del gobierno que ahora Valls tiene que remendar. Pero el tema ucraniano es más serio: por ese territorio transita el imprescindible gas ruso del que la industria alemana no se puede privar ni por un momento.

Rajoy requiere, por su parte, la simpatía alemana; sus cuentas, en materia de economía y de desempleo no son graciosas. Mucho menos lo es el ambiente de desprestigio de la casa real por los abusos y corruptelas de algunos de sus miembros.

No, no es una vida en rosa. Ni en Santiago de Compostela ni en París ni en Berlín.

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