¿Angelitos negros?

Invariablemente los casos de brutalidad policiaca provocan en todo el mundo manifestaciones de rechazo inmediato...

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Félix Cortés Camarillo 19/08/2014 00:27
¿Angelitos negros?

Ferguson es una pequeña ciudad al norte de San Luis Missouri; 67% de sus 21 mil habitantes son negros. De sus 53 policías, 50 son blancos. Como en todas las ciudades estadunidenses que comparten esta composición social, la mesa está servida para que la mayoría de la población piense que a la hora de garantizar la seguridad y procurar justicia todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros.

Hace unos días en Ferguson se desarrolló una historia cuyo guión bien conocemos. Un muchacho negro, Michael Brown, 19 años, joven y espectacularmente fuerte, cometió un robo menor. Inmediatamente después fue confrontado por un policía blanco. Todo el encuentro tiene varias versiones. Lo único indudable es que el muchacho actuó como un joven acorralado y temeroso. El policía actuó como un policía. Le disparó seis balazos, dos de ellos a la cabeza.

Invariablemente los casos de brutalidad policiaca provocan en todo el mundo manifestaciones de rechazo inmediato, masivo y con frecuencia violento. Eso es lo que está pasando en Missouri. El presidente Obama ha interrumpido sus vacaciones veraniegas en Martha’s Vineyard para regresar a Washington a despachar con su procurador de Justicia, que también es negro, para encontrar alguna salida de esta ratonera.

Es paradójico que la elección de Obama a la Presidencia de Estados Unidos haya provocado la certeza de que la Guerra Civil había terminado. Barack Obama es hijo de un negro de Kenia y una blanca de Kansas. Habría terminado el espíritu del Norte contra el Sur, del negro contra el blanco. Nada de eso. Las fricciones raciales no se cancelan con actos simbólicos. El racismo en Norteamérica está demasiado arraigado en la cultura de una nación paradójicamente forjada por inmigrantes.

No hay angelitos negros. Los negros americanos son tan seres humanos como el que más, y entre ellos se presenta toda la gama de individualidades y conductas; entre los negros hay delincuentes y seres virtuosos. Pero es interesante que en Washington, de cada cuatro negros, tres pisarán la cárcel en algún momento de su existencia. Es obvio que en ello influye la discriminación, la ignorancia, la falta de oportunidades y la descomposición familiar y social de Estados Unidos. Pero las cosas son como son.

Tampoco hay demonios blancos. Los policías de Estados Unidos son precisamente eso, policías, cualquiera que sea el color de su piel. Y la brutalidad policiaca es igual en el Bronx, en Marbella, en Puebla o en Moscú. Cualquier mexicano que haya tenido que ver con policías uniformados en Estados Unidos sabe que lo peor que le puede pasar es que le toque tratar con un policía hispano. Líbrelo Dios de que lo detenga un policía chicano. Será particularmente cruel.

En las calles de Ferguson ha de aparecerse la Guardia Nacional, que por lo general actúa en desastres naturales. La violencia racial se ha venido convirtiendo en un desastre nacional en Estados Unidos. De manera especial, este tipo de incidentes se convierten siempre en detonadores de problemas mayores por la torpeza del manejo de las secuencias.

La policía de San Luis, que es el condado al que pertenece Ferguson, divulgó versiones poco creíbles, trató de censurar la cobertura de los medios informativos de las manifestaciones de protesta. A las marchas contestó con gases lacrimógenos y balas de goma.

A veces, los conflictos lejanos nos parecen tan cercanos a nuestra realidad...

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