Divina ilusión

A mitad de 2014, es evidente que el crecimiento de la economía mexicana, si es que alguno se da, no llegará a dos por ciento.

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Félix Cortés Camarillo 30/06/2014 01:50
Divina ilusión

Solamente los ilusos son susceptibles de desilusión.

Desde octubre de 2013, la administración pública mexicana nos ha querido persistentemente convencer que la economía nacional crecería este año a un ritmo porcentual por encima de 3%. La realidad, una terca señora que suele tener por aliados a los expertos de las finanzas del mundo entero, una y otra vez contradijo el buen deseo hecho pronóstico, obligando al optimismo obligatorio a corregir sus cifras en décimas de punto.

Paralelamente, nos quisieron contar varias mentiras. Somos el primer exportador de automóviles en el mundo. Lo que el gobierno quiso decir, por citar al más afamado clásico de la verborrea foxista, es que somos el primer ensamblador de partes de automóviles construidas en otros países, para armar un meticuloso rompecabezas con ayuda de complicadas máquinas robóticas. De esta manera, la participación de los mexicanos en el valor agregado de los automóviles que México “exporta” es la barata mano de obra que se utiliza en las modernas y automatizadas líneas de ensamblaje. Eso no tiene nada de malo, salvo que el volumen de esas “exportaciones” tiene un mínimo impacto en la generación de nuevos empleos. Ese importante factor se oculta o se olvida a la hora de los resultados económicos: el crecimiento del PIB no es solamente una cuestión de cifras, sino parte de un complejo mecanismo.

Para que la economía crezca tiene que haber más consumo interno. Para que los mexicanos gastemos más comprando cosas y pagando impuestos, necesitamos ganar más dinero. Para ganar más dinero, necesitamos que haya más empleos mejor pagados que generen mayor liquidez. Parece de párvulos, y lo es, pero hay gente a la que le cuesta mucho trabajo entenderlo.

Luego nos vendieron que nuestra penuria es consecuencia directa y casi única de los fenómenos meteorológicos del año pasado que destruyeron carreteras y barrieron con poblaciones modestas y mal hechas. Todos esperamos que el gasto público, desgranado a remediar los daños causados por lluvias y huracanes reconstruyendo carreteras, puentes, líneas de comunicación y redes de distribución acuífera y eléctrica, diera trabajo a cientos de miles de mexicanos que lo están esperando. El milagro no ocurrió.

A mitad de 2014, es evidente que el crecimiento de la economía mexicana, si es que alguno se da, no llegará a 2%. La economía de Estados Unidos, a la chita callando, se tomó la pequeña libertad no solamente de no crecer el primer trimestre de 2014, sino de registrar un decremento de casi 3%. Nadie puso atención al asunto porque andábamos de parranda en el Ángel de la Independencia, soñando con la camiseta verde. El que más quiso seguir con el engaño nos dijo que los indicadores de la economía gringa para el segundo semestre, datos que allá se revelan mucho antes que en México, apuntan a una recuperación que nos llevará en la cola.

La única esperanza del país se sigue fincando en la aprobación, ya ineludible, de las reformas estructurales en comunicaciones y energéticos, así estén tan mal hechas como sus antecesoras en materia político-electoral y educación, y se aprueben con los defectos que la prisa y el arrebato suelen ser compañeros de viaje. Aun así, y en voz de los más convencidos de las bondades de estas transformaciones, los beneficios directos al bolsillo de los mexicanos no se verán antes de 2018. Y eso de manera moderada. Nadie puede llamarse a sorpresa. Solamente los ilusos son susceptibles de desilusión.

Por cierto, en la Copa del Mundo de Futbol, México perdió ayer dos a uno contra Holanda.

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