Mañana no me saca usted la muela

Las inconformidades del paciente se traducen en martirologio del médico.

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 25/06/2014 01:23
Mañana no me saca usted la muela

No tiene nada de chistoso.

La marcha de las batas blancas va más allá de defender la inocencia de los médicos del Hospital Pediátrico de Guadalajara, acusados de negligencia en la muerte de un paciente, oculta cosas mucho más serias. Bastaría con ver la virulencia con la que el domingo la protesta se generalizó en varias ciudades del país para ponerle atención al asunto.

El mismo IMSS, por conducto de su director, José Antonio González Anaya, reconoció que en el caso del menor fallecido en 2009 no hubo negligencia médica, y expresó su solidaridad con los implicados y los marchantes del domingo. Sin embargo, se hizo pato cuando se le hizo ver que tras el asunto de Guadalajara se oculta un sistema de salud pública en crisis, enfermo y rebasado, cosa que todos sabemos.

En 1996 el presidente Zedillo creó la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (Conamed), que debe aportar “solución de controversias entre usuarios y prestadores de servicios médicos”, lo cual está muy bien. No lo está el espíritu que se ha pretendido dar al funcionamiento de la Conamed, inspirado subcutáneamente en la manera en que se resuelven las cosas en  Estados Unidos, de todos tan anhelados. Memorables son los juicios millonarios que pacientes mal atendidos entablan en contra de sus médicos o compañías de seguros, al norte del Bravo. Precisamente por ello, los médicos de allá se abstienen de acudir a cirugías intrusivas, partos riesgosos o casos controversiales de entrada; por los mismos motivos, los médicos tienen contratadas carísimas pólizas de seguro para enfrentar potenciales acusaciones.

Pero el sistema estadunidense de salud es totalmente distinto al nuestro. A pesar de que cada vez más mexicanos aspiran a una póliza de cuidados médicos mayores, la mayoría depende de las instituciones de salud pública. Y ahí es donde la puerca tuerce el rabo. Las inconformidades del paciente se traducen en martirologio del médico.

Solamente las carencias y vicios del sistema educativo nacional son más serias, por sus consecuencias sociales a mediano y largo plazos, que el atraso del sistema de salud pública en México. No me refiero solamente a la carencia de recursos materiales y personales; en ocasiones, por desgracia, se casa con la abulia e ineficiencia en la atención. A pesar de que la indudable mayoría de los proveedores de servicios médicos trabaja con honestidad y responsabilidad, limitada por los recursos mínimos a los que tienen acceso, la memoria colectiva tiene muy grabadas las imágenes de pacientes muertos a las puertas del hospital ineficiente o niños naciendo en los patios o excusados de las clínicas. La salud pública mexicana está gravemente enferma. Entre otras cosas, de la memoria.

Este noviembre se cumplen 50 años del movimiento médico que enfrentó a Gustavo Díaz Ordaz. Para los desmemoriados o los jóvenes, todo empezó con los residentes e internos del Hospital 20 de Noviembre reclamando el pago de aguinaldos atrasados; 206 de ellos fueron despedidos. El movimiento nacional que siguió a las medidas de represión culminó con una huelga de médicos en agosto. El día 26 de agosto la policía tomó los hospitales, los paristas fueron sustituidos por médicos militares. Los médicos disidentes más activos fueron despedidos y sus líderes encarcelados.

Por encima de que 50 años es un periodo lógico para que una nación aprenda de su pasado, el gobierno actual, tan dado a las reformas estructurales, debiera echarle un ojo al sistema público de salud. Desde luego, con una mayor profundidad y seriedad que lo hecho con el sistema educativo.

Comparte esta entrada

Comentarios