Que sí, que no, el ruletero

Napito nunca ha sido trabajador ni minero ni metalúrgico ni similar; heredó, literalmente, la Secretaría General del SNTMMSRM...

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Félix Cortés Camarillo 30/05/2014 04:45
Que sí, que no,  el ruletero

Desde hace ocho años, Napoleón Gómez Urrutia maneja, desde su cómoda residencia, en Canadá, al Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana. Él nunca ha sido trabajador ni minero ni metalúrgico ni similar; heredó, literalmente, la Secretaría General del SNTMMSRM de su padre Napoleón Gómez Sada, quien fue líder hasta que se murió de hastío. Pesa sobre el llamado Napito, desde hace años, una orden de aprehensión por uso indebido de cantidad grande de millones de dólares pertenecientes al sindicato por concepto de una indemnización debida a sus miembros.

Que maneja al sindicato con eficiencia y rigor lo documenta la difusión que sus incondicionales han dado al irrelevante premio internacional Arthur Svensson por su destacado desempeño sindical. Al mismo tiempo, el pasado martes 27 la Secretaría del Trabajo y Previsión Social entregó al Comité Ejecutivo del mencionado sindicato la “toma de nota” hasta el año 2020. La toma de nota, para quien no lo sepa, es el reconocimiento oficial que el gobierno federal hace del sindicato y sus autoridades. En este caso, es la legalización de un ilegal.

El doble discurso parece ser el estigma de los políticos mexicanos. Suele ser muy conveniente porque de esa manera cada quien escucha lo que sus oídos quieren, y entiende lo que su ánima desea. El macalacachimba o el icuiricui.

A finales de febrero, cuando el presidente Peña Nieto inauguraba una planta de la firma Mazda en Salamanca, Guanajuato, Georgina Olson —a quien reitero un solidario abrazo por la muerte de su padre— reportaba en Excélsior el discurso presidencial: “No habrá nuevos impuestos, se mantendrán las tasas de los impuestos actuales y no se reducirán beneficios ni exenciones existentes”. A los de buena memoria nos recordó a un George H. W. Bush en la convención republicana que hace 26 años le hizo candidato a la presidencia de Estados Unidos. “Read my lips”, les dijo a los reporteros y luego en la mímica de su boca figuró un “no new taxes”, que fue finalmente muy desafortunado.

Pero dejemos a los Bushes en su santa paz. La frase de Peña Nieto de arriba tiene hoy dos lecturas. Como el vaso medio lleno y el otro. Para la iniciativa privada, dolida de la reforma tributaria, el que no subirán los impuestos no quiere decir que los actuales no pueden reducirse; para el subsecretario de Hacienda, don Fernando Aportela, el mensajero de las malas nuevas, la postura se traduce como “no habrá una modificación en la estructura fiscal en los próximos años” (Excélsior, mayo 29).

El mismo juego del teléfono descompuesto puede aplicarse a la evaluación general de nuestra angustia económica nacional. A mí no me interesan las desavenencias o empatías de los titulares de la SHCP, el Banco de México, el INEGI o el CCE. Pero donde uno ve recesión, otro advierte estancamiento y, el tercero, crecimiento mayor al de Estados Unidos, y mayor aún que el promedio del crecimiento de México en los últimos 30 años. Todo es lo mismo, pero no es igual.

Sucede algo semejante con las florituras para determinar el origen del bullying: a lo único que pudimos llegar es que las causas son muchas. La jauría se fue encima de Emilio Chuayffet porque dijo que ese fenómeno no se origina en la escuela: se desarrolla ahí a partir de lo que aportan los niños de lo que viven en la casa y en la calle. La mera mención de los medios como propiciadores de esa actitud lesiva provocó entre los opinadores una airada actitud. Es que nunca se han asomado a ver los juegos electrónicos que sus hijos y nietos practican diariamente.

El macalacachimba, ni hablar. ¡Mambo, mambo, mambo, mambo ya!

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