Con la mano izquierda

Hoy en día, el Partido de la Revolución Democrática se proclama la segunda fuerza política efectiva del país.

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Félix Cortés Camarillo 06/05/2014 01:14
Con la mano izquierda

Ya son veinte años de pasión torera, que has pagado el precio... Rocío Dúrcal, Con la Mano Izquierda.   

Cantando a Ortega Cano.

 

No son 20, se cumplen 25 años, en abril, que un grupo numeroso de priistas disidentes decidió abandonar un barco que hacía aguas y se subieron a barcazas frágiles de carrizo y voluntad que durante años habían amargasado los Lombardo Toledano, los Valentín Campa, los Demetrio Vallejo, los Gerardo Unzueta, y se hicieron de los múltiples timones que, desde entonces, tenía eso que llamamos izquierda en México. Se hicieron, sobre todo, de lo que ahora los jóvenes llaman el branding y nosotros, los de los viejos periódicos, llamamos el cabezal: Zócalo, El Día, El Universal, La Prensa... Se hicieron del cabezal de la izquierda.

Sería demasiado cursi decir que hoy la izquierda política mexicana sufre la más profunda de sus crisis. Al mismo tiempo, sería verdad, porque nunca la izquierda, nunca, supo cuándo entró a esa crisis y nunca ha sabido si salió de ella o no. Como se trata de un membrete sin sustento ideológico, programático o al menos ético, la izquierda siempre ha sido una constelación de pequeños grupúsculos que, en los más sórdidos episodios de su actuar —incluso antes de su fundación, en 1989—, saludaba con la izquierda y cobraba con la derecha.

Pero eso es, dicen, historia. Hoy en día, el Partido de la Revolución Democrática se proclama la segunda fuerza política efectiva del país. La numeralia suele mentir, pero con frecuencia es lo único que tenemos al alcance de nuestro juicio. Dicen que hay más de siete millones de perredistas en el país, que son una bicoca frente a los más de trece millones que votaron por López Obrador en las pasadas elecciones presidenciales. Frente a esos números, el cuarto de millón de panistas reales —que no son los más de dos millones que inventó Felipe Calderón Hinojosa con su credencialización masiva, pagada con dineros del erario— son un número respetable, pero de menor cuantía.

Cierto, los priistas alineados son más, pero su convicción y militancia es menor. Los panistas registrados son panistas de corazón y pensamiento.

Porque en esencia, y como buenos priistas arrepentidos, los del PRD simplemente se disfrazaron de demócratas, pero nunca dejaron de ser priistas en sus procedimientos, convicciones, alianzas y componendas. Algo que con toda justeza se puede aplicar a los panistas que tuvieron sus 15 minutos de fama —¡Qué va!, sus 12 años de enriquecimiento muy explicable— y los aprovecharon a manos llenas.

Si se pudiera hablar en serio en esta circunstancia en que la política es mero uso de las componendas y cochupos, uno que ha sido siempre de izquierda —le pese a quien le pese y le punce a quien le punce— no puede dejar de estar triste. México requiere, necesita con urgencia, un cuerpo político de izquierda, que sea portavoz y defensor de las exigencias de justicia social, igualdad y democracia, en cuyo nombre, los políticos profesionales se han hecho profesionalmente ricos.

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