Poor Jerusalem

El proyecto de nueva ley de procedimientos electorales ha sido diseñado con meritorio cuidado...

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Félix Cortés Camarillo 15/04/2014 00:57
Poor Jerusalem

                If you knew all that I know, my poor Jerusalem, you’d see the truth.

                But you close your eyes, but you close your eyes.

                Poor Jerusalem, Tim Rice, Jesus Christ Superstar.

 

Manlio Fabio Beltrones, pastor de pastores y quien de esto sabe un carro, afirmó que antes del día último de abril, estará aprobado todo el paquete legislativo relacionado con la reforma electoral. Más les vale a los señores legisladores, al sistema político mexicano, al régimen que lo dirige ahora y, ultimadamente, a todos nosotros, porque comenzaremos a pagar nuestra abulia, apatía e indiferencia en las elecciones del año próximo que, si no hay una ley electoral, de particular manera, un sustituto al Cofipe, que ahora se cocina bajo el nombre de Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, nos llevará a una realidad peor que la actual, si ello es posible. El documento estará aprobado, dice Beltrones, antes de que este mes fenezca. No mencionó a las otras reformas.

En los complicados procesos de las múltiples leyes regulatorias de las diversas reformas constitucionales que estamos padeciendo los mexicanos, el común denominador es la escasa información a la que los humildes mortales —léase contribuyentes y votantes— tenemos acceso. Por eso, la palabra del que sabe es siempre agradecida.

Con beneplácito moderado, observo que el proyecto de nueva ley de procedimientos electorales ha sido diseñado con meritorio cuidado; de manera especial, hay una determinación a cerrarle el camino al crimen organizado para que vea defendidos sus intereses en las diferentes instancias de los Poderes Legislativo y Ejecutivo, por medio de espurios representantes, testaferros al servicio de los malos de esta terrible película que los mexicanos vemos en reestrenos desde hace más de 20 años. Los candados prometen ser firmes.

Por ejemplo, la nueva ley establece la obligación de los candidatos futuros a “no aceptar ni utilizar recursos de procedencia ilícita para realizar actos tendientes a obtener el apoyo ciudadano”. Yo, que soy muy simple, entiendo que ya no habrá acarreos con dineros de patrocinadores raros, porque enseguida se insiste: “Abstenerse de recibir aportaciones y donaciones en efectivo, metales y piedras preciosas de cualquier persona física o moral; abstenerse de recibir apoyo de los sujetos establecidos en los términos de esta ley;  abstenerse de realizar por sí o interpósita persona actos de presión o coacción para obtener el apoyo ciudadano”.

Pero aún hay más, que diría el clásico: “Abstenerse de proferir ofensas, difamación, calumnia o cualquier expresión que denigre a otros aspirantes o precandidatos, partidos políticos, instituciones públicas o privadas; rendir el informe de ingresos y egresos; respetar los topes de gastos fijados para obtener el apoyo ciudadano, en los términos que establece la siguiente ley”. La violación se castigará con amonestación pública, multa de hasta cinco mil días...

¿Será verdad tanta belleza? ¿No es eso exactamente lo que debe regir para todos los aspirantes a un cargo de elección popular?

Pues no. Lo que acabo de transcribir se aplica únicamente a los supuestos candidatos independientes, los candidatos sin partido que aspiren a codearse con la élite de la sociedad política mexicana. Para los candidatos que lleguen con el patrocinio de los administradores del poder, de los partidos políticos con patente de corso, esas impecables e indiscutibles reglas no aplican. Faltaba más. 

Pobre Jerusalén.

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