Mi Vaca Lechera

Hay un sector importante de la población que consideramos inevitable y positiva la modernización de la industria petrolera...

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Félix Cortés Camarillo 31/03/2014 02:01
Mi Vaca Lechera

...no es una vaca cualquiera, me da leche condensada, ay qué vaca tan salada…

 

Trasciende a cuentagotas el contenido de las leyes secundarias de las reformas constitucionales, de manera especial, las relativas al nuevo modelo que en materia de energía debemos poner en práctica este mismo año. La ronda llamada cero, es decir el derecho de pernada que Pemex tiene para la novia vendida del crudo mexicano, implica que la tercera parte de las reservas comprobadas de petróleo en nuestro territorio, costas y mares profundos le corresponderá a la paraestatal inventada por Lázaro Cárdenas y hoy supervisada por Pedro Joaquín Coldwell.

Dicen los enterados que los dos tercios restantes serán puestos a disposición de los inversionistas privados, particularmente, extranjeros y trasnacionales, para que dispongan de ellos como Dios y sus accionistas —no necesariamente en ese orden— les den a entender.

Precisamente, en ese entender, está uno de los asuntos más importantes.

No cabe duda de que los noruegos, norteamericanos, saudís o rusos tienen mejor tecnología que los mexicanos en materia de exploración, detección, perforación procesamiento y comercialización de los derivados del petróleo. Evidentemente, cualquiera de esos países dispone de mejor infraestructura para la petroquímica avanzada. No es un complejo de inferioridad el que anima este juicio: somos tecnológicamente inferiores. La estructura de monopolio de Estado, con el agravante de un sindicalismo errado de principio a fin, ambas circunstancias corroídas por la corrupción, nos han sujetado a tecnologías anquilosadas y prácticas retorcidas de la burocracia improductiva.

Todo parece indicar, sin embargo, que al poner a disposición de la iniciativa privada, nacional o extranjera las dos terceras partes de los yacimientos conocidos, se pondrá con la misma gracia el resultado de años de inteligencia aplicada por Pemex y sus divisiones de exploración. Parecería que entregar los mapas, pronósticos, estudios, estimados y probablemente muestras geológicas y otras instrumentos arduamente reunidos por los mexicanos, así, gratuitamente, sería un acto de torpeza y sospechoso mal manejo. Todo ese material ha tenido un alto costo para la industria mexicana y solamente debe ser entregada a cambio de una contraprestación jugosa, que Pemex puede, y debe, aplicar en la adquisición de nuevas tecnologías o perfeccionamiento de las propias.

Hay un sector importante de los mexicanos que no está de acuerdo con la apertura franca e indiscriminada al capital privado y además extranjero. Hay un sector importante de la población que consideramos inevitable y positiva la modernización de la industria petrolera mexicana por parte del Estado, con la participación de quien quiera jugarse su plata con la explotación racional del recurso nuestro, con beneficio para nuestra población. No estamos, esos mexicanos, ciegamente casados con la idea de que la inversión extranjera sea la panacea que nos va a llevar a todos a una prosperidad de primer mundo en cuestión de meses. Especialmente, si la modernización de la empresa estatal no incluye entre sus premisas fundamentales la sacudida a una burocracia corrupta e ineficaz y la modificación de un aparato sindical ineficaz y corrupto.

Hay quienes ciegamente aplauden cuanta concesión se haga de inmediato por parte del Estado mexicano hacia los señores del capital extranjero. Sólo ellos estarían de acuerdo en la entrega incondicional de los estudios que, sin duda, existen en manos de los técnicos mexicanos.

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