El Borrego

La exposición magnificada por la fuerza multiplicadora de las redes de internet, hace del rumor mucho más peligroso.

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Félix Cortés Camarillo 28/03/2014 02:23
El Borrego

Me gusta andar de negro, con los labios pintados, pero guapo en la oficina siempre ando bien trajeado

        Café Tacuba, El Borrego

 

El número 112 en España es el equivalente al 911 de los Estados Unidos: el número telefónico al que se reportan todos los accidentes y emergencias. México, por extrañas razones, no ha sido capaz de establecer un número único para esos menesteres. Aquí tenemos el 060, el 064, o el 066 para reportar incidentes que requieran la atención de policías, bomberos o paramédicos, contribuyendo a confundir al respetable haciéndole perder tiempo al no conocer con certeza qué número debe marcar para pedir el preciso auxilio urgente.

“Control Canarias confirma caída al mar de avión a dos millas de costa #GranCanaria, a la altura de Jinámar. Se desconoce número de pasajeros”. Ese fue, textualmente, el mensaje que la central de emergencias 112 Canarias envió por Twitter ayer por la tarde. Ni el centro de control aéreo de islas Canarias había confirmado nada, ni avión alguno se había caído a la altura de ningún sitio ni había pasajero alguno involucrado. Todo fue una torpeza incomprensible de algún operador bobo, que puso en actividad a los del centro de control aéreo de España y echó a andar a una serie de medios irreflexivos, incluyendo estaciones mexicanas de radio, que dieron la noticia como cierta, sin haber seguido la regla primigenia del periodismo: confirmar la nota con por lo menos una fuente confiable.

Además de los medios engañados, los inútiles que no tienen nada qué hacer fuera de jugar en las redes llamadas sociales de internet, no se limitaron a repetir la estupidez de 112 Canarias; le agregaron de su ronco pecho que el avión desplomado era de la aerolínea alemana TUI —que también hace vuelos chárter a nuestro país— y que llevaba a bordo 100 pasajeros. Un piloto reportó haber visto desde el aire el avión desplomado flotando en el mar, aunque rápidamente corrigió su error.

Lo que pasó en realidad fue que unos bañistas vieron pasar en la lejanía un lanchón remolcando una grúa y por la forma de la grúa lo confundieron con un avión, llamando al famosísimo 112. Naturalmente, a las dos horas todo estaba aclarado y los medios avergonzados tuvieron que echar reversa.

Pero el asunto es más serio que la anécdota. El uso intenso de las redes sociales, Twitter, whatsapp, Facebook o como se llamen todos estos juguetes de adultos infantiles, le ha conferido a sus contenidos el nivel de noticias ciertas, confiables y confirmadas. Ciegamente, la sociedad primitiva en la que nos está convirtiendo la dictadura de los 140 caracteres, compra como verdad los borregos que cualquier idiota, bromista o perverso especulador de la información, publica en esas redes. Son la representación actual de los rumores y los chismes, que en experimentos viejos de comunicación social pudieron trastocar conductas enteras de barriadas o pequeños colectivos, conduciéndolos a fenómenos irracionales de linchamiento o venganza social. La exposición magnificada por la fuerza multiplicadora de las redes de internet, hace del rumor mucho más peligroso.

Seamos un poco más escépticos. No todo lo que dice Wikipedia es totalmente cierto, aunque esa herramienta haya sustituido al anticuado instrumento del conocimiento que se llama libro; no todo lo que circula en Twitter o Facebook es verdad. Es necesario tomar conciencia de que la vocación de borregos no debe ser la nuestra.

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