La pollera colorá

El gobierno de Enrique Peña Nieto decide adoptar medidas que en Colombia resultaron ser desastrosas para combatir el crimen.

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Félix Cortés Camarillo 09/01/2014 02:33
La pollera colorá

No es reciente el temor de que el desarrollo de la sociedad mexicana tienda a una colombianización. El concepto ha tomado fuerza recientemente, en la misma medida en que los grupos delincuenciales ligados al trasiego y comercialización de narcóticos han ubicado en nuestro país uno de sus principales centros de operación. Se incrementa en tanto el gobierno de Enrique Peña Nieto decide adoptar medidas que en Colombia resultaron ser desastrosas como medio para combatir el crimen.

Hace 30 años, más o menos, el gobierno saliente de Pastrana y el de Álvaro Uribe en su primer periodo se encontraron con la incapacidad gubernamental de enfrentar a la guerrilla más longeva del continente, las FARC. Decidieron entonces aceptar la sugerencia de los empresarios colombianos, principalmente ganaderos y de la flor exportable, de financiar grupos armados al margen de la ley para combatir militarmente a los guerrilleros que seguían a Tirofijo, su emblemático comandante. Surgieron así los grupos paramilitares para suplir la ineficiencia y la incapacidad del ejército colombiano, tan mal armado y tan corrupto como todos los de la zona.

Los grupos paramilitares comenzaron a ser efectivos en la lucha antiguerrillera. De manera natural fueron cooptados por la guerrilla…y el narcotráfico. Muy pronto comenzaron a cobrar por la supuesta protección que brindaban a los ganaderos que eran víctimas de secuestro y saqueo de los guerrilleros de las FARC, muy pronto, los grupos paramilitares comenzaron a secuestrar y saquear ellos mismos.

En Colombia, los grupos aislados acabaron por integrarse en las Autodefensas Unidas de Colombia. ¿Le suena el nombrecito?

A su tiempo, muchos fuimos los que advertimos el peligro que constituía la tolerancia manifestada por los diferentes niveles del gobierno mexicano hacia los grupos de autodefensa que comenzaron a surgir en los estados de Guerrero y Michoacán principalmente, pero no exclusivamente. Tolerarlos —para luego patrocinarlos y protegerlos— era, de entrada, aceptar la ineficiencia del Estado mexicano para gobernar su territorio, reconocer que zonas extensas e importantes del suelo nacional estaban bajo control de individuos y grupos al margen de la ley. Que más tarde o más temprano los grupos mexicanos llamados de autodefensa acabarían uniéndose a uno u otro de los sindicatos del crimen organizado.

Una a una, las predicciones se han cumplido. Los grupos de autodefensa han sido tolerados por los gobiernos de los estados donde se les sufre; otras gavillas —o grupos civiles que entienden lo que está pasando— se han armado para oponerse a las autodefensas. José Manuel Mireles, de oficio médico y de afición cazador, es el cabecilla aparente del principal grupo de autodefensas de Michoacán, del que, se dice, recibe apoyo del grupo delincuencial llamado Nueva Generación, de Guadalajara. El sábado pasado, la avioneta en que el doctor Mireles regresaba de un misterioso viaje a Guadalajara se desplomó en una pista aérea clandestina, resultando herido el cabecilla paramilitar.

El herido fue trasladado a un hospital de la Ciudad de México para su atención y cuenta con protección del gobierno mexicano. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, reconoció: “Sí, los cuidamos porque son las personas que han venido lastimando a los cárteles, particularmente a los Templarios…” (Excélsior, enero 8, 2014). Son los mismos argumentos del gobierno colombiano para tolerar y apoyar a los paramilitares de aquel país. Si se trata de cambiar de atuendo, no creo que la pollera colorá sea el mejor: ¿qué tal unos pantalones de charro?

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