Las brujas

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha desatado con el Año Nuevo una pública y reconfortantemente cíclica cacería de brujas.

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Félix Cortés Camarillo 06/01/2014 00:00
Las brujas

Pero cuidado, pues si eres malo brujas podrán venir.

Francisco Gabilondo Soler, Canción de las brujas, 1936

 

Como no tiene nada mejor qué hacer, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha desatado con el Año Nuevo una pública y reconfortantemente cíclica cacería de brujas. De acuerdo a las reformas fiscales de hace unas semanas, el Servicio de Administración Tributaria (SAT), ha dado por publicar la lista de sus causantes morosos. Se encuentran en ese vilipendioso documento entidades ya extintas como el diario El Heraldo de México o la aerolínea Avolar, el equipo de futbol de los Rayados del Monterrey, un par de ayuntamientos, el Colegio María Montessori, la empresa fraudulenta Provida —que hizo de las tangas y la lucha contra el aborto permitido un gran negocio para un pillo que sigue libre— o celebridades momentáneas como el cantante Enrique Guzmán, el actor Alfredo Adame o Luis Martínez de Anda, el putativo heredero de María Félix. Todos ellos, y muchos más, tienen adeudos con Hacienda, dice el SAT, y merecen ser expuestos.

La técnica intimidatoria no es nueva. En algún momento Laureano Brizuela pisó bote por sacarle al bulto de las contribuciones, y se amenazó públicamente a mi amiga Verónica Castro, o al cantante Juan Gabriel si no se ponían a mano. Para que los plebeyos sepan, es la picota amenazadora. Las cabezas de Hidalgo, Allende y Matamoros estuvieron en picas primero en Chihuahua y luego en la Alhóndiga de Granaditas por si a alguien se le ocurría el chistecito ese de la Independencia.

El castigo provenía del l siglo XIII. Poco más tarde fue sustituido por el cepo, que ya hemos visto ampliamente en el cine, y que sí dolía porque se aplicaba en vida. En el centro de la plaza, ya se sabe, se colocaba un instrumento de barrotes que sujetaba cabeza, cuello, muñecas y tobillos, para exponer a la vergüenza popular a infractores menores. Por si a alguien se le ocurría delinquir igual.

Pues de eso trata este castigo ahora. Que se sepa quiénes son los infractores. Que la vergüenza de la culpa fiscal caiga sobre ellos. Que todos los mexicanos hagan befa, mofa y bufa de ellos.

Desde luego, el SAT corre el peligro de convertir a esos pecadores en héroes al estilo de los bandidos del Bosque de Sherwood. Después de todo, Robin Hood lo único que hacía era robar —y repartir a los pobres— los impuestos opresivos, injustos, y compulsivamente cobrados por la autoridad feudal.

Pilón.- Circula por ahí un chiste cruel que, de no ser tan inhumano, podría mover a risa. Cito al senador José Yunes, presidente de la Comisión de Hacienda, hablando de las modificaciones fiscales efectivas el miércoles recién pasado (diario Milenio, enero 2, página 4): “A mí me parece que lo relevante de la reforma es que no toca al 90% de los mexicanos”.

Debería el senador Yunes demandar al periódico —no es el único— por andar poniendo en su boca semejante estupidez.

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