Me dijo, le suplico compañero

Angela Merkel y Michelle Bachelet han ratificado su vocación de mando y su potencia de arrastre electoral.

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Félix Cortés Camarillo 19/12/2013 05:44
Me dijo, le suplico compañero

En sitios distantes lo mismo en geografía universal que en geometría política, Angela Merkel y Michelle Bachelet han ratificado su vocación de mando y su potencia de arrastre electoral, al hacerse de las primeras posiciones de poder en Alemania y Chile, respectivamente. De hecho, la señora Merkel se ha confirmado como el político —ser humano— más poderoso de Europa y ha pasado a la pléyade de los muy poderosos del mundo. La señora Bachelet va al frente de un país que ha dejado de mirar al norte, a México, como modelo a seguir en procesos económicos y políticos: ahora Chile es el paradigma a imitar. Angela Merkel, como todos los políticos actuales que nacieron del otro lado del muro de Berlín, es de la derecha, preside a la alianza democristiana de los partidos CDU-CSU. Michelle Bachelet es una socialista convencida a la que, si le faltara motivación, el golpe de Pinochet y su gobierno le detuvo, torturó y mató a su padre.

Las dos mujeres siguen un sendero sembrado por los nombres de Sirimavo Bandaranaike, Indira Gandhi, Margaret Thatcher o Golda Meir. Todas juntas cristalizan el afán de las mujeres de ocupar las altas posiciones del poder político formal. En este punto no voy a chapotear en el lodo del chiste sexista sobre el poder real que ejercen en casa las mujeres, en la mesa y en la cama. Es innegable, sin embargo, que muchas de las decisiones importantes que los hombres de cualquier poder toman, fueron gestadas, afortunadamente, en una plática de pareja.

En México estamos celebrando, es un decir, los sesenta años de que el presidente Ruiz Cortines ordenó que se le reconociera a las mujeres el derecho a votar y ser votadas. Ellas han ejercido la primera parte de la premisa en medida tan limitada y deplorable como los hombres. La segunda, los hombres de la política se han encargado de poner obstáculos para su realización.

Según el IFE, en 2012 del padrón de 77 millones, 52% son mujeres. Solamente 7% de las alcaldías del país es ocupado por mujeres. En el gabinete de Enrique Peña Nieto, muy señalado promotor de la mujer en el poder que ordenó legislar para que las mujeres ocupen la mitad de los puestos del Legislativo —titulares y suplentes—, hay solamente tres secretarias de Estado en Salud, Turismo y Desarrollo Social; una forma parte de su staff en estrategia digital.

Mi postura personal de que al ser humano hay que juzgarle por lo que aloja entre las dos orejas y no por lo que tiene entre los dos muslos, me ha merecido que me recomienden no hablar de las damas en política... en presencia de las damas, como dice más o menos la canción.

El asunto no es de carácter visceral o dogmático: las mujeres que en el poder han trascendido no ha sido por haber llevado faldas sino por haber reunido los atributos de inteligencia, patriotismo, honradez y dedicación en el servicio público. Una mujer tan femenina como Imelda Marcos, quien también tuvo su rebanada de poder, no es recordada por algo más que por su colección de zapatos caros en un país pobre.

De la misma manera los chilenos y los alemanes —para el caso de la Merkel, los europeos— no se van a tentar el corazón para reclamarle a sus mandatarias el justo ejercicio de su mandato sólo porque son mujeres. A la Dama de Hierro la sacaron de la casa situada en el 10 de Downing Street cuando les falló en su desempeño.

A ese tipo de equidad de género es a la que debemos aspirar. A sacar sin miramientos del puesto al político incompetente sea hombre o mujer.

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