Herederos

A raíz del tropiezo afortunadamente superado de la salud de AMLO, reapareció en la escena pública el segundo de sus hijos.

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 06/12/2013 02:08
Herederos

Conozco muchos casos en los que el fardo mayor que un joven lleva es el apellido paterno. Pocos retos más difíciles de afrontar que llamarse igual que alguien que ha destacado en una actividad, especialmente si es pública. Por lo general, todo mundo tiende a esperar que el heredero logre convencer que tiene los méritos suficientes para destacar en su propio quehacer. Con mucho mayor razón, si decide dedicarse al mismo oficio que su señor padre.

En el siglo XVIII debe haber sido un enfado mayor ser músico, apellidarse Bach y ser hijo del compositor, organista, clavecinista, violinista, violista, Kapellmeister y Kantor llamado Johann Sebastian, nacido en Eisenach y muerto en Leipzig. En sus 65 años de vida, el viejo Bach se dio tiempo para procrear con dos esposas 20 hijos, de Catharina Dorothea a Regina Susanna; solamente cinco se dedicaron a la música y dos de ellos, Carl Philipp y Johann Christian ejercieron influencia mayor en Mozart.

Pero Bach se toca aparte. No obstante, igualmente tormentoso debe haber sido ser hijo de Bonaparte y dedicarte a la guerra para ser rey de Francia una semana, o llamarte Hans Albert o Eduard Einstein y que te diera por la física. Llevar a cuestas un apellido sonado es un camino hacia arriba, por lo menos incómodo, y puede que hasta peor.

A raíz del tropiezo afortunadamente superado de la salud de Andrés Manuel López Obrador, reapareció en la escena pública el segundo de sus hijos, Andrés Manuel López Beltrán. No solamente encabezó la conferencia de prensa de los médicos que atendieron a su padre, sino que se hizo inmediatamente de la vocería aparente del Morena, en proceso de convertirse en partido político, y de la inmediata movilización anunciada el domingo anterior por AMLO en el Zócalo capitalino, para poner un cerco humano al edificio de la Cámara de Senadores, en protesta por la reforma energética en curso de ser aprobada por esa institución. El miércoles anduvo arengando a los manifestantes sobre Paseo de la Reforma.

El joven —no tiene 30 años— no había tenido una actividad militante notable al lado de su padre, a diferencia de su hermano mayor. Por el contrario, sus ocasionales manifestaciones fueron más bien de pesimismo, y cuando llamó la atención fue por los zapatos tenis Louis Vuitton de 800 dólares el par, o los viajes en yates con guapas mujeres que presumía en las redes sociales.

No debería sorprender que los hijos quieran seguir el sendero profesional de los padres. Yo mismo, cuando alguno de mis hijos ha cruzado en su actividad con la comunicación, he sentido un regocijo interno que no oculto: uno de ellos escribe mejor que yo. Pero ni en el periodismo, la literatura, la música o la política las posiciones destacadas se reciben por herencia. Cuestan, y así debe ser, un esfuerzo adicional que el desarrollado por el padre o el abuelo.

En el campo de la política, y de manera especial en una política tan tribal y caníbal como es la política mexicana de izquierda, esa premisa es más notable, y al joven López Beltrán se lo van a hacer saber muy pronto los correligionarios que no tienen ni la trayectoria ni los tamaños ni el carisma para acaudillar.

Naturalmente que esto no es asunto mío. Si me ocupo de él hoy, es porque pone al descubierto uno de los rasgos distintivos de la política mexicana de izquierda, su vocación dinástica, que se ve entre otros en los cotos familiares de los Cárdenas, los Taibo, y ahora los López. Los herederos, que pretenden posiciones de poder por ser hijosdalgo. O de alguien.

Sea.

Comparte esta entrada

Comentarios