Michoacanazo corregido

La pugna entre bandas, llámense del Golfo, del Pacífico, de El Chapo Guzmán o de otros grupos, desarrolló un brazo armado cuya labor de exterminio alcanzó a sus propios creadores: Los Zetas.

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Federico Ponce Rojas 01/03/2014 03:57
Michoacanazo corregido

México vive desde hace 12 años una profunda crisis de seguridad que ha afectado el desarrollo económico y social de nuestro país. Basta recordar que el fenómeno mal llamado feminicidios en Ciudad Juárez, hace más de una década, acabó con la industria de la maquila en Chihuahua, motor de sus finanzas y provocó el resquebrajamiento del tejido ciudadano.

Ahora Michoacán —sin olvidarnos de que hasta hace poco los ojos del mundo se volcaron sobre Tamaulipas, Nuevo León y Guerrero por la inseguridad y el crimen organizado— es motivo de preocupación global. A los problemas sociales se sumó el narcotráfico, cuyo efecto corrosivo contaminó la política, a tal grado que los estudiosos y los analistas lo han llamado un caso típico de Estado fallido.

El problema no es nuevo, recordemos que hace un sexenio, la PGR pervirtió una investigación sobre drogas y corrupción que dio origen al arraigo de unos 40 alcaldes del estado, operativo que se conoció como el Michoacanazo. La justicia federal liberó a todos los ediles y sólo un exlegislador sigue prófugo.

Sin embargo, fue la disputa de cárteles rivales por dominar la plaza, lo que generó la ingobernabilidad que enfrenta esa entidad federativa. La pugna entre bandas, llámense del Golfo, del Pacífico, de El Chapo Guzmán o de otros grupos, desarrolló un brazo armado cuya labor de exterminio alcanzó a sus propios creadores: Los Zetas. Como organización criminal, Los Zetas quisieran arrebatarle el territorio michoacano a una célula conocida como La familia Michoacana, la cual utilizó estrategias de mercadotecnia y publicidad para justificar su existencia y legitimarse como un mal necesario con enorme reconocimiento social. También como táctica de comunicación decidieron autollamarse Los Templarios.

Su actividad corrompió a la política y empezó a manejar a los representantes populares como títeres en la trama social. El crimen organizado extendió su dominio de los estupefacientes al secuestro, la extorsión, el cobro de piso e incluso arrebató a los gobiernos su monopolio tributario para convertirse en una administración paralela.

La intervención militar fue una solución a mediano plazo para frenar el encono y la violencia. La gestión perredista de entonces asumió como conducta de gobierno el “dejar hacer, dejar pasar”. Los cambios sexenales abrieron un nuevo frente y obligaron nuevamente a las autoridades federales a tutelar la gobernabilidad de esa región, a tal grado que se ha creado un gabinete paralelo y hay una inversión sin precedente en la historia. El gobierno de Enrique Peña Nieto da solución a legendarios reclamos sociales.

El estado de excepción que vive Michoacán ha hecho que pase a segundo término la vigencia de un Estado de derecho. La legalidad ha cedido el terreno a la inmediatez de las políticas públicas para resolver añejos problemas y se ha descuidado el imperio de la ley ¿Qué hacen el Congreso local o el Poder Judicial de la entidad para enfrentar al crimen organizado? El gran objetivo social debiera ser frenar la impunidad y ello sólo se logra con un nuevo marco jurídico que haga más punible el narcotráfico, el secuestro, la trata de personas, la extorsión y otros delitos consustanciales a las drogas. Nuevas leyes, pero también la aplicación estricta de ellas; se requiere de jueces mejor preparados, más estrictos, verdaderos administradores de justicia.

Especial mención merece el Ejército mexicano que, como lo señaló el propio general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, los soldados están limpiando de delincuentes pueblos y ciudades, siempre con apego a la ley y respeto a los derechos humanos.

La prevalencia de un Estado de derecho es la única vía para lograr el desarrollo social.

Apostilla: Con la recaptura, por parte de la Marina Armada de México, de Joaquín Guzmán Loera, el presidente Peña Nieto da un golpe de timón a la política antinarco de nuestro país, ya que demuestra que el trabajo de inteligencia y la coordinación del gabinete de seguridad nacional es la fórmula para derrotar a los capos de la droga y no el enfrentamiento armado, el cual sólo provoca muerte y más violencia.

* Ex subprocurador general de la República y catedrático de       la Universidad Anáhuac y de la Universidad Complutense de Madrid.

                fpr_enlinea@hotmail.com

                Twitter: @fpr_enlinea

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