¿A dónde va México?

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Fausto Alzati Araiza 04/09/2014 01:34
¿A dónde va México?

El 2º Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto nos deja el recuento de esfuerzos importantes. Algunos se han visto ya coronados por el éxito, como las importantes, aunque en aspectos decisivos aún insuficientes, reformas constitucionales y  legislativas. Seguramente sus insuficiencias obedecen más al fino cálculo político que permitió construir los consensos legislativos plurales necesarios para convertirlas en ley, que a una falta de visión o destreza técnica. Otros, como los destinados a alcanzar y sostener las tasas de crecimiento económico, indispensables para eliminar la subocupación masiva en un plazo socialmente aceptable y cerrar las abismales brechas de inequidad que nos dividen y lastiman como nación, no parecen hasta ahora verse coronados con un éxito evidente.

¿Es de esperar que lo sean en lo inmediato? Dicho de otro modo, ¿a dónde va México? ¿Al porvenir de prosperidad democrática que todos los mexicanos anhelamos? ¿O a una prolongación de la ya larga crisis de crecimiento insuficiente, con el riesgo creciente de violencia social cada vez más generalizada? En abono de un escenario optimista cabe aducir que, como se ha dicho aquí repetidamente, si se consigue incrementar la inversión extranjera directa que implique importación de maquinaria y equipo nuevos e innovadores, para llegar a casi seis mil millones de dólares al año, se puede incrementar el crecimiento en alrededor de 3% para llegar a tasas de crecimiento del PIB cercanas a 6% anual. Ya hoy en México existen industrias, sectores y regiones en expansión. En torno a ellas se  configuran complejos productivos  que generan espacios de crecimiento y empleo. Insertar en esas cadenas a empresas que incorporen inversión extrajera directa innovadora será el motor de la estrategia de crecimiento. Si se puede continuar  atrayendo inversión extranjera directa a los ritmos alcanzados en 2013 y la primera mitad de 2014, el porvenir inmediato de México luce muy esperanzador.

En abono del escenario pesimista se asoma en el horizonte la ominosa previsión de que probablemente la inversión extranjera directa, incluyendo la de carácter innovador, sufrirá una severa contracción en 2015, con respecto a los niveles alcanzados en los dos años anteriores. ¿Se debe esto a los riesgos que los inversionistas perciben en torno a los procesos electorales del año próximo? ¿O se debe a que el gran capital global percibe en México fracturas socioeconómicas más profundas y potencialmente explosivas? Me explico: en un artículo recientemente publicado en Forbes se afirma que “Existen en efecto dos Méxicos: por una parte, una economía moderna y de alto crecimiento, cada vez más productiva y globalmente competitiva con plantas automotrices y aeroespaciales con equipamiento de lo más avanzado y, por la otra parte, un país de millones de pequeñas empresas, con frecuencia informales, que son el tipo dominante de empresa en muchas industrias, incluso en la manufactura de autopartes. Estas compañías de bajo crecimiento y escasa productividad emplean a más de 40% de los trabajadores con un empleo formal y a una proporción aún mayor de la fuerza de trabajo informal. En tanto que las grandes corporaciones en México han venido incrementando la productividad a un veloz ritmo de 5.8% anual en promedio desde 1999, en el sector de las empresas tradicionales la productividad ha venido decreciendo a una tasa anual promedio de 6.5%. Y como cerca de la mitad de los nuevos puestos de trabajo se crean en el sector tradicional, resulta que cada vez más trabajadores se hallan atrapados en ocupaciones de baja productividad”. ¿Serán suficientes las reformas del presidente Enrique Peña Nieto para cerrar este abismo de productividad antes de que se exprese en violencia social desbordada? De ello dependerá a dónde irá México: a la cúspide o al abismo.

                Twitter: @alzati_phd

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