¿Despegará México en 2014?

Ha llegado la hora de internacionalizar a Pemex, no de privatizarlo o vender sus activos como chatarra.

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Fausto Alzati Araiza 09/01/2014 02:40
¿Despegará México en 2014?

En México ha sido posible ya alcanzar una Inversión Extranjera Directa (IED) anual de más de 25 mil millones de dólares. Conforme a estas cifras, a más tardar a finales de 2014 la economía mexicana estará creciendo a tasas cercanas a 5% anual. Alcanzar estos niveles de crecimiento exige compromisos de inversión productiva por parte de empresarios nacionales y extranjeros, líderes en los sectores más dinámicos. Pero éstos no comprometerán sus recursos a menos que encuentren creíble el compromiso de las más altas autoridades del país con una meta de alto crecimiento, públicamente asumida como el objetivo de todas las políticas públicas.

Hoy, inmersos en los complejos retos que la gran transformación global nos plantea, los mexicanos tenemos una oportunidad extraordinaria y quizás irrepetible para encaminarnos por fin a la senda del crecimiento sostenido e incluyente, que nos lleve ya de modo irreversible a la prosperidad democrática. ¿Cómo puede nuestro país hacer realidad esa aspiración por todos compartida? Robert Solow, Premio Nobel de Economía, demostró en su trabajo fundacional de la teoría neoclásica del crecimiento económico que el crecimiento del PIB per cápita se debe a los incrementos en la productividad y éstos a su vez se originan en lo que Solow llama “el progreso técnico”. Así pues, no hay crecimiento sin incrementos en productividad y éstos no ocurren sin innovación. La destrucción creativa es cada vez más rápida, demoledora, global y socialmente excluyente. Nada ni nadie escapa a los efectos directos e indirectos del cambio tecnológico exponencialmente veloz y acumulativo. Y esto reclama nuevas instituciones.

Por fortuna, las reformas que ha puesto en marcha el presidente Enrique Peña Nieto abren la esperanza de un cambio que haga posible al fin el crecimiento acelerado, sostenido y compartido que transformará a México en una nación prospera y sin pobreza masiva. Para reiniciar el crecimiento en la economía mexicana, cuyo dinamismo ha sido por años insuficiente para ocupar productivamente a su fuerza de trabajo, no bastan las inyecciones de recursos financieros que generen incrementos en la demanda agregada. Es indispensable introducir modos innovadores de producción.

La Reforma Energética tiene precisamente como uno de sus objetivos fundamentales atraer hacia las industrias mexicanas de la energía, las más grandes de nuestra economía, los grandes flujos adicionales de inversión y las capacidades tecnológicas innovadoras capaces de hacer de ellas poderosas palancas del crecimiento. Urge incrementar la IED que implique importación de maquinaria y equipo nuevos e innovadores, para llegar a casi seis mil millones de dólares al año. Así se puede elevar la tasa de crecimiento en alrededor de 3% para llegar a tasas de crecimiento del PIB cercanas a 5% anual. La Reforma Energética es, por tanto, una de las llaves maestras para que México tenga de inmediato la innovación y los incrementos en productividad que necesita para crecer.

Pero además el cabal desarrollo de la industria petrolera mexicana no podrá ocurrir mientras no se encuentren las fórmulas y se construyan los consensos para liberarla de su principal limitación que consiste en mantener a Pemex como una empresa petrolera totalmente integrada que produce y procesa petróleo en un solo país. Imagínese, por ejemplo, qué sería hoy de British Petroleum si sólo produjera hidrocarburos en el territorio del Reino Unido. Ha llegado la hora de internacionalizar a Pemex, no de privatizarlo o vender sus activos como chatarra. Sino de encontrar las fórmulas que le permitan salir a producir petróleo más allá de las fronteras de México. Si los mexicanos conseguimos construir y operar eficazmente los acuerdos internos y externos necesarios para dar ese gran paso histórico, 2014 será sin duda el año en que México despegará hacia el desarrollo pleno.

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