Israel y Gaza: el día siguiente

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Esther Shabot 31/08/2014 00:18
Israel y Gaza: el día siguiente

Exhaustos, tras 50 días de combates, Israel y Hamas acordaron finalmente el cese al fuego. La devastación y las numerosas pérdidas humanas padecidas en Gaza por los bombardeos israelíes y la desesperación de la población del sur de Israel que en los últimos días de la guerra se vio forzada a buscar refugio en otras zonas del país al verse atacada por Hamas con una lluvia de disparos de cohetes y mortero, fueron el epílogo trágico de esta confrontación que sólo hasta entonces consiguió ser detenida. Ahora llega el momento de los balances de qué y cuánto se perdió o se ganó en esta ordalía. Y las cuentas pueden ser, por supuesto, acomodadas y presentadas de muchas formas, tanto así que el día del cese de las hostilidades tanto Hamas como el gobierno israelí anunciaban su triunfo como si cada parte ignorara la magnitud de sus propias heridas y pérdidas, y lo que es igualmente importante, que los problemas básicos entre ambos siguen sin solucionarse.

Es cierto que hay puntos específicos que cada bando presenta como logros derivados de esta guerra. Netanyahu, el premier israelí, puede presumir en ese sentido la destrucción de buena parte del arsenal de Hamas, lo mismo que de la mayoría de los túneles que éste había tendido para contrabandear armas y perpetrar secuestros y ataques contra israelíes. Pero, del mismo modo, Hamas se vanagloria de haber puesto a Israel contra la pared en algunos momentos y de haber conseguido al final de los combates, un primer acuerdo por el cual el bloqueo israelí a Gaza se afloja notablemente, permitiendo la entrada a la Franja de materiales diversos, aumentando de tres a seis millas náuticas el alcance de la zona marítima permisible para los gazatíes y asumiendo el compromiso de que en un mes se continuará con la negociación de temas clave que por ahora quedaron pendientes.

Hay, sin embargo, otros protagonistas de este episodio bélico que de manera más clara pueden considerarse ganadores. El actual régimen egipcio, encabezado por el presidente Abdul Fatah al Sisi, es sin duda uno de ellos, ya que a lo largo del conflicto logró mantenerse como el centro privilegiado de la mediación para conseguir el fin de las hostilidades. Su papel fue de suma relevancia para ese efecto, superando con creces la influencia que Estados Unidos, la Unión Europea, Turquía o Qatar pudieron desplegar en el escenario de las negociaciones. El Cairo retomó así un prestigio regional que le hacía falta tras las vicisitudes que ha vivido en los últimos tiempos.

Y el otro ganador bien puede ser el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, quien se convirtió a lo largo de esos 50 días en personaje clave que viajó de un lado a otro y negoció para lograr unir los hilos que dieran lugar al cese de las hostilidades. Su gobierno consolidó así su papel central en la relación palestina-israelí. Hamas, por su parte, ha tenido que aceptar el involucramiento directo de Abbas en la conducción de la vida política de la Franja —y de hecho las fuerzas de Abbas pasan ahora a ser vitales para los arreglos destinados a aflojar el bloqueo a ésta— al tiempo que Netanyahu se ha visto obligado por las circunstancias a recuperar a Mahmoud Abbas como interlocutor imprescindible. Hay que recordar que cuando hace cinco meses se rompieron las pláticas entre Israel y la Autoridad Palestina tras su fracaso y el consecuente anuncio de Abbas de que se reconciliaba con Hamas después de siete años de divorcio, Netanyahu lo descartó como contraparte negociadora. Sin embargo, cuando en su más reciente discurso Netanyahu anunció que se abría “un nuevo horizonte diplomático”, muy probablemente lo que contenía esa expresión era la decisión de restaurar los contactos con Abbas. Ojalá así sea para beneficio de las fuerzas moderadas que en ambos bandos pugnan por neutralizar a sus respectivos radicales.

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