Peña en Cuba

El libre comercio es el mejor antídoto contra la dictadura castrista.

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Enrique Villarreal Ramos 31/01/2014 02:19
Peña en Cuba

En su participación en la plenaria de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), evento al cual asistieron los principales mandatarios de la región, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, expuso que la región tiene un mercado 20% mayor al de la Unión Europea y, por ende, “se debe aprovechar esta circunstancia y explotar su potencial al máximo”, y “ser ambiciosos y buscar una mayor integración comercial”. Reconoció que gracias al liderazgo de Cuba, la Celac “comienza a proyectarse con mayor fuerza en el mundo”. Sin olvidar que la participación de Peña incluye una visita de Estado a la isla.

Lejos de buscar legitimar a la dictadura castrista, sus violaciones a los derechos humanos y su “latinoamericanismo antiimperialista”, las expresiones del Presidente mexicano revelan al menos tres objetivos básicos: 1) se busca impulsar un integracionismo regional, capitalista y abierto a la globalización, por ende compatible con las reformas estructurales y con las relaciones de interdependencia con otros bloques; 2) ello implica relanzar los lazos latinoamericanos, en especial con Cuba, donde se encuentran áreas de oportunidad para la inversión y el comercio pero, también, es una puerta para fortalecer las relaciones con naciones reacias al capitalismo y al libre comercio globalizador como Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela; 3) retomar la línea de liderazgo latinoamericano, que en la historia reciente ha tenido Brasil, tradicional coprotagonista o incluso rival político de nuestro país en el área, como parte de una política de cooperación, consensos regionales y de responsabilidad global.

La realización de estos propósitos deberá coadyuvar en otro objetivo, pero que es una condición sine qua non para llevar a cabo en la práctica, y no sólo en los discursos, la integración económica y comercial a escala regional: la democratización de Cuba. Hasta ahora, el anacrónico bloqueo de Estados Unidos a la isla ha sido la coartada de la dictadura cubana para aferrarse a un sistema económico y político en bancarrota. No deja de ser doblemente paradójico que, por un lado, el bloqueo le sirva más a la legitimación del castrismo, que a su derrumbe y que la lucha contra aquel implique establecer un libre comercio que conllevaría al colapso del régimen socialista cubano.

El libre comercio significa abrir la economía cubana a la inversión y a las leyes del mercado y la competencia global. El mismo Raúl Castro reconoció el papel positivo de la inversión extranjera, aunque sigue empeñado en un utópico “modelo propio”, cuya búsqueda únicamente es otra coartada para evitar lo inevitable, la democratización. El gran temor de la dirigencia comunista es que suceda lo mismo que en Europa del Este, que la perestroika y la glasnot conduzcan al colapso del socialismo. El ejemplo chino tampoco lo ven como opción, porque implantar reformas capitalistas sería darle la razón, desde la perspectiva castrista, a sus enemigos, de que el socialismo está en bancarrota.

Si originalmente las cumbres de la Celac buscaban ser puntas de lanza del castrismo-chavismo para oponerse al “imperialismo yanqui”, nuevos liderazgos regionales pueden darle un vuelco, y orientar a Latinoamérica hacia objetivos democráticos, capitalistas y globalizadores. La Alianza para el Pacífico es un ejemplo de que las naciones latinoamericanas pueden ser entes protagónicas dentro del mundo global, lejos de dogmas y utopismos estériles, a los que se aferran los castristas y sus émulos radicales en México.

Entretelones

Esperemos que entre las 50 nuevas leyes que aprobará el Congreso se encuentre la relativa a la regulación de las marchas en el DF.

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