Rectoría o Estado-botín

El encono izquierdista contra la Reforma Energética estriba en que les impedirá apropiarse de la renta petrolera en su beneficio.

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Enrique Villarreal Ramos 13/12/2013 01:28
Rectoría o Estado-botín

El senador Emilio Gamboa, coordinador de los senadores del PRI, declaró que es importante desarrollar “un  modelo para México que nos permita explotar nuestra riqueza energética, que mantenga la rectoría del Estado mexicano a través de sus órganos reguladores, sobre las industrias petrolera y energética’’.

La Reforma Energética aprobada por el Congreso, no sólo implica la modificación de los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución (considerados tabú por la “teología secular izquierdista”), sino la implantación de un nuevo modelo consiste en que: 1) se preserva a los hidrocarburos en el subsuelo como propiedad de la nación, “y así deberá afirmarse en las asignaciones o contratos” y que corresponde exclusivamente a la nación la planeación y el control del sistema eléctrico, así como el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica; 2) se erigen a la CFE y a Pemex en empresas productivas del Estado; 3) se abre la puerta para que se suscriban contratos y licencias (pero no concesiones) con el sector privado para la exploración y extracción de crudo y generación de electricidad; 4) se crean el Fondo Mexicano del Petróleo, y junto a la Comisión Nacional de Energía, una Comisión Nacional de Hidrocarburos, un Centro Nacional de Control de Energía, un Centro Nacional de Control del Gas y una Agencia Nacional de Seguridad Industrial y de Protección al Medio Ambiente, y 5) se preservan los derechos laborales, pero se saca al sindicato del Consejo de Administración de Pemex. Todo un parteaguas histórico, ya que se detonarán cambios que trascienden lo energético.

El nuevo modelo energético se caracteriza por desmontar las estructuras centralistas, monopólicas, rígidas y corporativistas que en la práctica, más allá de lo estipulado constitucionalmente, impedían la efectiva rectoría del Estado, su poder regulatorio, incrementar la renta petrolera, la seguridad energética y la soberanía globalizadora de México.

Como ya se esperaba, la izquierda se opuso virulentamente a la reforma, argumentando que “era privatizadora de Pemex y que comprometía la soberanía nacional”, y ante la imposibilidad de construir una mayoría parlamentaria, convocó a la movilización y a la protesta (incluyendo el cerco de los poderes del Estado), denunciando como “traidores a la patria” a quienes votaban la reforma, y clamando por una amplia consulta ciudadana.

Por más que la izquierda proponía modificaciones al marco legal, su oposición a la ampliación de la participación del sector privado, implicaba preservar el viejo modelo centralista, monopólico, burocrático e ineficiente, anclado en el nacionalismo cerrado y comodino. Aferrarse a este modelo, no es meramente una cuestión doctrinal o sentimental de la izquierda, resultaba vital para que la renta petrolera se convirtiera en botín de quienes aspiran llegar a la Presidencia, especialmente si es un caudillo.

Lo que está en juego para la izquierda, no es evitar la privatización de Pemex o la pérdida de la seguridad energética, sino la lucha por “el botín energético”. Al desmantelarse el viejo modelo energético, se han de preguntar AMLO, CárdenasZambrano, Padierna, Monreal, Batres y cía., ¿para qué llegar al poder, si ya no tendremos la renta petrolera para nuestro beneficio?

Entretelones

Hace casi 100 años los fascistas, quienes también se decían nacionalistas, cercaron los poderes del Estado en Italia y fue el principio del fin de su joven democracia.

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