Pobreza y desigualdad

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Enrique Del Val Blanco 18/01/2014 04:55
Pobreza y desigualdad

El pasado 8 de enero se cumplieron 50 años de la declaración del presidente Lyndon Johnson de su programa denominado “guerra contra la pobreza”, lo cual ha abierto una gran discusión en Estados Unidos sobre los resultados del mismo y las nuevas manifestaciones del presidente Barack Obama de declarar la guerra a la desigualdad.

Los recursos asignados en el año 1964 al combate a la pobreza permitieron que en los 10 años posteriores la tasa de pobreza se redujera de 19% a 11.2%, para luego incrementarse nuevamente, llegando a 15% el año pasado.

Ha habido muchas críticas a este programa, sobre todo por parte de los legisladores del Partido Republicano, aduciendo que ha sido dinero tirado a la basura. Sin embargo, la realidad ha demostrado que se hicieron grandes obras de infraestructura y acciones como, entre otras, las escuelas públicas, la atención sanitaria, la ayuda alimentaria y las becas para que los estudiantes pudieran acceder a la educación superior.

Los análisis han demostrado que pese a sus errores, el programa de lucha contra la pobreza en sus primeros años fue un éxito, pero poco a poco fue decayendo, sobre todo si en vez de tomar en cuenta el número de pobres que existían se considera el número de ricos y sus fortunas.

En esa época por supuesto había personas con riqueza, pero no en las magnitudes que prevalecen actualmente. Si tomamos en cuenta que no existía la lista de ricos de Forbes ni la de Bloomberg, veremos que los analistas del tema se han basado en las declaraciones para el pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR). Así, mencionan que las 400 personas más ricas en el año de 1961 tenían un ingreso promedio de dos millones de dólares y pagaban cerca de 43% de ISR. Para 2007, los 400 más ricos de Estados Unidos tenían un ingreso promedio de 345 millones de dólares y pagaban 16.5% de impuestos. Es decir, eliminando la inflación, en 46 años los 400 más ricos han aumentado 25 veces su fortuna.

Es por eso que la propuesta del presidente Obama es correcta, en cuanto a que hay que combatir la desigualdad como el gran problema de su país. En esta lucha los republicanos, en su mayoría, están en contra y no sólo no quieren apoyar, sino que han planteado claramente que su lucha no es de igualdad ni de combate a la pobreza; simple y sencillamente es de combate a los pobres por ser, en términos generales, muy flojos y no querer trabajar, sino vivir de las ayudas públicas. Es un argumento siniestro y que demuestra la poca solidaridad de muchos estadunidenses.

Inclusive, grandes donantes del Partido Republicano están maniobrando, no para negar la desigualdad, sino para que el gobierno no actúe en contra de ella, en un país en el que puede haber donaciones multimillonarias sin control alguno para defender los derechos de los ricos o hechos como el que acaba de aparecer en la prensa sobre el crecimiento extraordinario en la venta de coches Rolls Royce, cuyo valor promedio ronda en los 800 mil dólares y a los que incluso se les puede hacer incrustaciones de oro, y que el año pasado ascendió a cuatro mil automóviles, de los cuales una tercera parte fue adquirida por norteamericanos.

La embestida de los republicanos en contra de la clase media y los pobres, en defensa de sus propios intereses y por tanto ahondando la desigualdad creciente en el vecino del norte, está a la orden del día. Expresiones como la de finales del año pasado del congresista Paul Ryan, quien preside la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Representantes, en el sentido de que “el colchón de protección social se está convirtiendo en una hamaca en la que se duerme gente físicamente sana para vivir en la complacencia y la dependencia”, son síntomas de que no entienden la realidad de millones de personas, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo, a las cuales no les queda más remedio que acudir a la protección social, ya que el empleo se restringe más cada día.

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