A mi papá

Resplandeces. Ardes con una luz clara. Lo más hermoso de este viaje a la vida. Lo divino bajo muchas formas. Mi estrella polar. Mi electricidad...

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Dore Ferriz 15/06/2014 00:00
A mi papá

Me gustaría poderte escribir una oración... O por lo menos, encontrar algunas palabras que logren alcanzar una velocidad donde la materia se destruye y queda sólo el alma. Y ahí sentarme. Para poder contemplar con arte, orden y esa finura que mi corazón requiere para escribir de ti. 

... Aquí conviene que mencione un aprendizaje de cuna, que me llevó a caminos complejos... Cosas de mi abuelo y la cuántica. La vida, la muerte. Que, al fin y al cabo, son mundos paralelos. Lo menciono, tal vez, para conmemorar a nuestro patriarca. Para detallar, en su totalidad, el maravilloso universo que heredé de mi padre y rige las leyes de mis pensares.

Hoy es Día del Padre. Y quisiera agradecer tu hoguera. Acurrucarme en ella. En tu cuidado y tus brazos. Desde mi alba en el mundo, señalizaste el camino de mi vida con cosas del cielo y me explicaste el sistema del mundo. Desordenaste mi rutina. Me regalaste tu mirada experta, en términos y gestos de mecánica eterna. Tu naturaleza inefable es mi fuerza. La seguridad con la cual camino en esta procesión humana... y en la otra esfera.

Eres sabio papito, porque logras derrumbar los muros que construyen laberintos en mi cabeza. No has permitido que mi alma envejezca en el ocaso de la insignificancia. En mi corazón no hay ni una sola arruga de miedo, rencor u odio. Me devuelves la paz con la sencillez compleja de tu amor. A ese candor, que hoy disfruto en mis hijos. Me proteges de las asperezas con las que la vida pretende aleccionarme. Como si tu vista estuviera sobre la pierna que va a dar el paso. Cuando sientes que voy a tropezar, amortiguas mi lección. Y me das la mano cuando ando a ciegas. Junto a ti, mi vida no tiene errores. Sólo caminos y enseñanza.

¿Cómo le haces papacito, para deshacer los nudos de mi garganta? Para espantar fantasmas. Para quitar el mohín de mi boca. Me decoras con tu sonrisa... así es como dibujas los trazos de mi torpeza y ciegas mis ojos a la confusión. Me llevas a un universo de ilusiones, donde me siento capaz de derrumbar fronteras, creencias y hasta mi condición humana. Donde tengo derecho a ser igual que cualquiera y alcanzar el cielo. Eres mi fuerza, agilidad y certeza.

Has llenado mi memoria de hermosos recuerdos. En ellos he podido resguardarme del viento, el frío y la lluvia. También me he podido llenar de júbilo y risas. Con, o sin razón, tejiste la malla dorada donde he podido situar la imagen más exacta de tu protección. Donde puedo demostrar que la sapiencia humana está constituida de la suprema.

En mí, te multiplicas como soldados de terracota que guarecen el alma. Eres mi revolución. Que se esfuerza en ordenar este mundo de hormonas. Me has hecho una mujer objetiva y soñadora. Solemne y cantaora. Me enseñaste a pensar como tú. O ¿será que eres mi conversación interna? Porque platico con tu alma, cuando mi cerebro no logra entender el flujo cambiante de las cosas...

Hoy soy. ¡Más que nunca! Por el mismo hombre que, me ha parecido, dueño de la libertad. Que mira las muletas de su país y se esfuerza por rehabilitarlo. Por hacer mentes sensatas y vestiduras de democracia y unión. Eres paz. Rostro feroz que limpia con un pañuelo dorado las lágrimas de los ojos grises.

Todo me parece encantador en tu tierra. Tu energía opulenta, prospera tras estos cuerpos que nos dividen... Porque somos uno solo. Así lo acordamos tú, mamá, Pedro, Nina y yo; en un infinito mundo líquido. Y así será frente a cualquier horizonte.

Hoy, el festín en mi espíritu es majestuoso. ¡Tengo mucho papá que celebrar! Mucho más que agradecer. A Dios, “sobre todo”... por darme más tiempo contigo. Por convertir tu voluntad en nuestro centro afectivo. Para gozarte. Aprenderte. Por concedernos una buena cantidad de futuro y otro tanto de pasado, donde hemos podido guardar con celo todo lo que eres...

Has luchado por tu vida y la nuestra. Dos veces aprendiste a caminar. ¡Aunque podría asegurarte que fueron más! Todo, porque te comprometiste hasta el exceso, en forjarnos un alma fina de mente justa. ¡Nos llevaste hasta el esplendor de la paz verdadera! Donde el cuerpo es humano y sólo la belleza del corazón puede definirnos. Donde las proporciones de la armonía resuenan de un instrumento bien acordado... ¡Tú!

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