Un seminario de filosofía política de gran altura

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Clara Scherer 21/02/2014 01:49
Un seminario de filosofía política de gran altura

Tuve el privilegio de ser invitada a escuchar, durante tres días, una muy brillante disertación sobre feminismo y democracia, en voz de dos doctoras en filosofía, de origen español: Amelia Valcárcel y Alicia Miyares.

Una de las ideas que más impacto causó fue cuando hablaron de la reforma educativa de su país. Además de contextualizarla, nos explicaron con todo detalle los problemas que tiene tal reforma en relación con los postulados de la democracia. Los paralelismos y similitudes con la reforma hecha en México son, por supuesto, muchos. Desde lo que llamaron el “trasvase” de las palabras, hasta el análisis de lo que se pretende, de lo que falta y de lo que no se ve, pero se esconde en palabras muy sensatas.

Un ejemplo de lo anterior: cuando se mencionan las “competencias” que deben aprender (hay que suponer que las y los alumnos, palabras que han desaparecido) caemos en cuenta que ya no se dice “conocimientos”. Entre unas y otros, hay una gran diferencia. Las competencias son el propósito de una formación para el trabajo. Los conocimientos, según la Real Academia Española: Acción y efecto de conocer. Conocer: Averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas. Entender, advertir, saber, echar de ver. Percibir el objeto como distinto de todo lo que no es él. Gran diferencia entre competencias y conocimientos.

Es muy importante que se aprendan competencias, pero no por eso hay que dejar del lado los conocimientos. Y más aún, los estudios sobre humanidades se han disminuido tanto que prácticamente han desaparecido. Hay que recordar que estos son los que procuran hacer de cada persona, una mejor, en virtud del conocimiento de la historia (para no repetir los horrores), la literatura (para generar empatía con las y los otros y aprender a escribir correctamente), etcétera.

Lo que más requiere una democracia son demócratas. La educación pública debe estar alineada con este fundamental objetivo. La igualdad y la libertad, en un marco de justicia, siguen siendo las aspiraciones de mujeres y hombres. Si la educación sólo se encarga de formar trabajadores, los riesgos para todas y todos están ahí.

En México, además, tenemos el artículo primero constitucional, que defiende, promueve y protege los derechos humanos de todas y todos. Tenemos la obligación de establecer, en todo el sistema educativo, la educación en derechos humanos. Y por si esto no fuera suficiente, el artículo tercero constitucional dice: la educación que imparta el Estado tendera a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia. Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

La Reforma Educativa, en cuanto a los contenidos de la educación, tiene un muy largo camino que recorrer y, de manera importante, el sistema tiene que modificar usos y costumbres muy arraigados en sus estructuras, pues violan esos derechos humanos, que tanto ha costado hacer que los gobiernos reconozcan.

Agradezco la invitación al Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León, a la Universidad Autónoma de ese estado y, especialmente, a María Elena Chapa. Felicidades.

                *Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género

                clarasch18@hotmail.com

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