Sí podemos: un experimento natural y otros inducidos

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Cecilia Soto 16/12/2013 03:24
Sí podemos: un experimento natural y otros inducidos

                La burra no era arisca, la hicieron.

 

Por parte de los opositores o en el mejor de los casos, de los escépticos respecto a la reforma de Petróleos Mexicanos, el argumento aparentemente irrebatible es que si todas las reformas realizadas por los gobiernos anteriores han fracasado, por qué ha de tener éxito la reforma constitucional a los artículos 25, 27 y 28. Es un escepticismo con raíces hondas y amargas experiencias, que compartimos varias generaciones de mexicanos. La lista de paraísos prometidos, de bienestar avizorado y de ingresos al Primer Mundo es apenas superada por el número de casos de escándalo, recursos dilapidados y oportunidades perdidas. Dentro de las reformas incluidas están varias privatizaciones clasificadas hoy como fracaso. En lo personal, creo que no hay peor fracaso que lo que resultó del ciclo nacionalización-reprivatización de la banca, que llevó al Fobaproa y a la pérdida casi total de la banca en manos mexicanas.

Si todas las experiencias de reformas hubieran sido un rotundo fracaso y un retroceso para el país, entonces tendrían razón quienes tienen más temor de los reformadores que de las reformas. En ese caso, la reforma administrativa de Pemex propuesta por el PRD y el ingeniero Cárdenas hubiera sido la conveniente. Pero quiero referirme a dos experiencias a gran escala que aportan elementos de optimismo respecto a probables mejores resultados en la Reforma Energética que recién se ha aprobado.

Me refiero en primer lugar a lo que se ha dado en llamar “experimentos naturales” aquellos que resultan de circunstancias no elegidas por investigadores y que sin embargo permiten estudiar el efecto de cierta circunstancia o regla en grandes grupos sociales. El ejemplo clásico es el de Haiti y el de República Dominicana, que comparten la misma isla, pero tienen indicadores socioeconómicos divergentes. El otro gran experimento natural, en este caso referido a la conducta de cientos de miles de individuos, es el de la frontera que comparten Estados Unidos y México. Es sabido que todos los estudios de valores de los mexicanos que se realizan desde hace cuatro décadas coinciden en detectar una cultura de admiración por las pequeñas violaciones a la ley y de tolerancia a ciertas formas de corrupción. Es sabido también que esa cultura de tolerancia a la ilegalidad cambia radicalmente al cruzar la frontera norte y el mismo mexicano que se pasa el alto, ofrece mordida y baja la ventana de su auto para tirar una cáscara de plátano, tiembla al ver a un policía americano. Es decir, no hay nada intrínseco, casi genético, en los hábitos culturales de los mexicanos respecto a la falta de cumplimiento de la ley. La impunidad es su caldo.

Y si la impunidad es el hábitat en el que florecen la corrupción, el delito y el abuso, ¿en qué cambia esto la Reforma Energética, cuando los capítulos respecto a transparencia y rendición de cuentas son los más desdibujados?

Lo cambia la obligación de cumplir normas internacionales y el creciente empoderamiento de la sociedad mexicana. Así ha sucedido con otros dos experimentos sociales a gran escala, en este caso inducidos, que yo considero relativamente exitosos. Uno es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, y el otro es la red de tratados internacionales que obligan a México a cumplir con derechos humanos.

El TLCAN es una experiencia muy exitosa en lo relativo a su sustancia: el comercio internacional. Es un fracaso respecto a la propaganda con la cual se vendió: ni ingresamos al Primer Mundo ni se acabó la pobreza ni se moderó la desigualdad y las mejoras tardaron mucho en madurar. Tampoco llegaron las catástrofes avizoradas por quienes hoy llaman traidores a quienes votaron a favor de la Reforma Energética: ni el pez grande se comió al chico y hoy el margen de maniobra económica de México es mayor que el que tenía antes del Tratado. Junto al surgimiento de nuevos sectores industriales sofisticados, como el aeroespacial, electrónicos automotriz, de software y diseño, de industrias creativas, etcétera, la obligación de cumplir con ciertas reglas incluidas en el tratado ha mejorado notablemente las condiciones de los trabajadores que participan en los sectores exportadores. El activismo de sindicatos y organizaciones no gubernamentales de ambos lados de la frontera ha boicoteado a productores que toleran trabajo infantil, etcétera. Inspectores de países que recibirán nuestros productos, no sólo Estados Unidos, Japón por ejemplo en el caso de productos cárnicos y vegetales, periódicamente exigen que se demuestre que cumplimos con normas sanitarias y laborales. El TLCAN hace uso de lo demostrado en el gran experimento natural de la frontera: con estímulos adecuados para el cumplimiento de las leyes, surge una nueva cultura de competitividad y productividad.

Lo mismo puede decirse de la decisión del gobierno de Vicente Fox, de afianzar las reformas mexicanas en derechos humanos con la firma de tratados y convenios internacionales, que por primera vez permitieron la llegada de representantes de la ONU a revisar cárceles, tribunales, etcétera, y que ha acotado el campo de maniobra de los gobiernos para evadir esta responsabilidad. Falta mucho por hacer, pero hay instrumentos que la sociedad aprende a usar.

Aunque creo que es una buena reforma, también creo que en la Reforma Energética hay un gran margen de posibilidad para cometer errores. Hay, sin embargo, la ventaja de no ser los primeros, la de contar con opositores a la reforma que escudriñarán y denunciarán, la de contar con una sociedad civil crecientemente empoderada con herramientas como el IFAI e iniciativas propias.

Las leyes reglamentarias de las reformas constitucionales podrían ser aprobadas por el PRI por simple mayoría en la Cámara de Diputados. En el Senado, si la izquierda desdeña el debate sobre las leyes secundarias, podría regalar al PRI la aprobación de las leyes reglamentarias sin la presión de la oposición. Esto sería un gran error. Las leyes secundarias son una nueva oportunidad para convencer a los escépticos y ganar más credibilidad de que habrá rigor, transparencia y rendición de cuentas. Nos vemos en @twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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