Reforma Educativa: foros de consulta

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Carlos Ornelas 16/04/2014 01:32
Reforma Educativa: foros de consulta

La construcción de la legitimidad de un gobierno, según las teorías neoweberianas, es un proceso continuo. Se basa en la credibilidad que los gobernantes y la burocracia generen en la población mediante el diseño y ejecución de estrategias gubernamentales y en la entrega de resultados concretos. Por ello, los dirigentes de un país establecen lazos de comunicación con los gobernados, con el fin de crear confianza.

El gobierno de Enrique Peña Nieto inició reformas legales para alcanzar mudanzas en la gobernación del sistema educativo. Después de las enmiendas a la Constitución y la promulgación de las leyes secundarias, la Secretaría de Educación Pública lanzó la convocatoria para los Foros de Consulta Nacional para la revisión del modelo educativo. En su realización se congregan miles de maestros, directores de escuelas, supervisores y el funcionariado de los estados.

En cientos de ponencias los participantes en los foros vierten ideas, reclamos y propuestas. Presumo que una buena cantidad de participaciones fueron motivadas por estamentos burocráticos, otras por consigna sindical, pero la mayoría fue en respuesta individual o de pequeños grupos a la convocatoria de la SEP.

El objetivo, según la convocatoria, es: “Recibir y analizar propuestas sobre rasgos y elementos específicos del modelo educativo, que contemple las necesidades de las regiones del país”. Pero detrás de esa finalidad se descubre el propósito de construir legitimidad para el proyecto de Reforma Educativa.

Por invitación de los subsecretarios de Educación Media Superior, Fernando Serrano Migallón, y de Básica, Alba Martínez Olivé, participé en los foros regionales de educación normal, el 8 de abril en Boca del Río, y en el de básica, en Durango, el jueves 10. En el foro de Durango expresé que a pesar de que soy escéptico del valor que tienen estas consultas y de que estoy convencido de que su fin principal es legitimar las reformas que promueve el gobierno de Peña Nieto, acepté participar por dos motivos. Primero, porque, en efecto, las reformas que este gobierno emprendió requieren de mayor legitimidad y soporte social. Segundo, porque ese apoyo no es incondicional ni ciego; es crítico y propositivo.

Tras reconocer bondades —ya que no todo es oscuro en el sistema— hice críticas al estado que guarda la educación nacional, a la corrupción y el corporativismo reinantes, a las fallas de la burocracia, la apatía de los gobiernos estatales, el abandono de la sociedad y, sobretodo, censuré la incongruencia del gobierno al promover reformas trascendentes y al mismo tiempo seguir danzando con el corporativismo.

Luego puse enfrente los imperativos morales que —me atreví a sugerir— debe ejercer cada segmento que participa en el sector educativo. Concluí que con todo y que las reformas ponen el énfasis en el control vertical, implican una restauración del poder central, dan al traste con el federalismo —que muchos gobernadores depreciaron con sus excesos—, considero que era necesario mover a la educación nacional. Es un avance acabar con la herencia y compraventa de plazas; pero es insuficiente. Mi visión es que hay que profundizar en los cambios y seguir abonando para que las enmiendas legales sean la base de una auténtica Reforma Educativa.

Apoyo, sí, pero con la condición de que se avance. Si con el censo ya se descubrieron aviadores y comisionados en exceso —y hasta muertos que siguen cobrando— hay que exigir a la SEP que actúe en consecuencia, que aplique la ley.

Era imperativo que se iniciarán las reformas; el sistema estaba al borde del abismo. El gobierno de Peña Nieto tiene la legitimidad de origen, la del voto popular pero, para promover cambios institucionales perdurables, necesita de una legitimidad mayor. Por ello es imperioso que las propuestas sensatas —y ciertos reclamos legítimos— que cientos de personas expresan en los foros se tomen en cuenta, que no se manden al cesto de la basura.

Si en un tiempo razonable la SEP informa qué le sirvió y qué aprendió de esos foros, así como las acciones que emprenderá en respuesta a las demandas, entonces construirá legitimidad. Si los foros sólo se quedan en actos de simulación, el costo político será muy alto y, en lugar de generar confianza, hará crecer la suspicacia.

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

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