Escuela: derechos y obligaciones

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Carlos Ornelas 02/04/2014 02:01
Escuela: derechos y obligaciones

Mi pieza de la semana pasada provocó reacciones, aunque no donde yo lo esperaba, en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. En mi correo recibí mensajes que hicieron alusión al asunto; y en el blog de Excélsior recibí dos comunicaciones que hacen la crítica tanto a lo que expresé como a la situación del país.  Antes de que Excélsior (27 de marzo) lo diera a conocer a un público amplio, había recibido de mi amigo, Ismael Vidales, un video que muestra la elocuencia de Natalia Lizeth López López, una niña indígena de Monterrey.

Ráfaga Palmer y Gerardo Bañales me conminan a que escriba de algo olvidado y casi invisible: la obligación de los niños y de los padres en la educación de sus hijos. Ráfaga Palmer hace un recuento detallado de las fallas de los alumnos, sus padres, las autoridades y, de pasada, los investigadores de la educación que omitimos hablar de cuestiones que pudieran entrar en la incorrección política. Interpreto esos mensajes no como una búsqueda de los “valores perdidos” ni como una demanda de docentes que no quieren trabajar, sino como un asunto de justicia y equidad.

La imagen pública de los docentes que se refleja en la prensa y los medios anda de mal para abajo. No obstante, en las pocas encuestas que se han hecho en este siglo, los padres de familia siguen valorando bastante su labor; y las evaluaciones nos dicen que algo anda mal en el magisterio nacional. Pero se dice poco, muy poco —crédito a mis corresponsales— de las obligaciones de los alumnos. Y tienen razón. Parece que hay una pantalla que nos ponemos en los ojos y el cerebro para evitar ver cosas obvias, como las que relata Ráfaga Palmer. Muchos alumnos son indisciplinados, insultan a los maestros, faltan con frecuencia, yerran en las tareas y, si el docente les exige que cumplan, son éstos quienes enfrentan sanciones. Hemos santificado el derecho de los niños y de sus padres; la verdad, pienso que se nos fue la mano.

Nada más por poner un ejemplo. No hace mucho, un estudiante de un Colegio de Bachilleres de la Ciudad de México fue expulsado del plantel porque cobraba protección a otros alumnos, abusaba de su fuerza física, insultaba a docentes y se burlaba del director. Los padres de ese alumno interpusieron un amparo y un juez se los concedió. El mensaje fue claro: “No se metan con los escolares”. Lo cual refuerza la percepción de baja autoestima e indefensión de los maestros. Los padres de ese alumno tal vez sientan orgullo, pero acaso estén protegiendo a un criminal en potencia.

El discurso de la niña Natalia Lizeth es un ejemplo en elocuencia, pulcritud y coherencia moral. No sólo acepta con orgullo sus orígenes y expresa frases en náhuatl, sino que da en el corazón del asunto. Lo que hace —y lo hace muy bien— lo aprendió en su casa, no en la escuela. Relata que su madre, una “María”, y vendedora ambulante de Monterrey, aunque nacida en Veracruz, le dice que se lave los dientes y lea al menos media hora al día.

Es obvio que la niña Natalia tiene talento, su expresión oral es mejor que la de muchos de mis alumnos, incluso de doctorado; vamos, mejor que la mía y la de muchos colegas. Pero en su expresión corporal y en el contenido de su discurso es donde muestra carácter; esa cosa que no se enseña en las escuelas. Cuando dice que “necesitamos valores hasta en la sopa”, hace una crítica severa a la sociedad, a las escuelas y, de paso, a las familias. Lo que dijo Natalia Lizeth tiene valor no porque lo haya expresado una indígena, sino porque es verdad y lo hizo con inteligencia.

No soy nostálgico ni partidario de la escuela disciplinaria y rígida; ya se acabaron los tiempos en que todo mundo sabía cuál era su lugar, donde el padre en la casa y el maestro en la escuela eran todopoderosos; esa cultura ya feneció. Pero nos fuimos al otro extremo. Ahora si un maestro le exige a los niños que cumplan con sus obligaciones no faltara el padre o el defensor de los derechos humanos que diga que ese maestro los obliga. 

Necesitamos un régimen escolar democrático, donde, como expresaron mis corresponsales y, con otras palabras, la niña Natalia Lizeth, se conjuguen valores morales y disciplina.

Retazos

El video de Natalia Lizeth se puede ver en: https://www.youtube.com/watch?v=aaaB8kK3nDY.

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

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