Shanghái, de nuevo

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Carlos Ornelas 11/12/2013 03:08
Shanghái, de nuevo

Estoy convencido de que el gobierno mexicano tiene un derrotero propio para la educación nacional. Cierto, pide prestadas nociones y proyectos a los organismos internacionales, como la UNESCO, la OCDE y el Banco Mundial, pero son las motivaciones de los dirigentes las que determinan las estrategias y fijan las aristas políticas. El apoyo de —y las consultas a— esos organismos son con el afán de encontrar otro asidero de legitimidad. Esto sucedió desde que Torres Bodet era secretario de Educación Pública y se replicó a lo largo de los años hasta el gobierno presente. Pero ni la UNESCO impuso a México el Plan de once años, ni la OCDE cargó la Alianza por la calidad de la educación al gobierno de Calderón.

No está mal asimilar rasgos de otras experiencias, mas pienso que en lugar de nada más acercarse a los centros hegemónicos y difusores de la cultura mundial, sostengo que se puede aprender de las buenas prácticas de otras latitudes. Ello, pero sin perder la perspectiva y el asentamiento cultural propios.

Como ya es sabido, Shanghái destacó de nuevo en las tres pruebas con las que PISA evalúa el aprendizaje de los jóvenes de 15 años. Hace unas semanas reseñé que de acuerdo con ciertos analistas, el secreto de Shanghái es que no hay secreto, que los maestros son la fuerza motriz que funda el adiestramiento de los niños de aquella ciudad (“Sí es posible”, Excélsior,13 de noviembre). Pero agregué que además está el compromiso directo de las autoridades y las familias, así como 30 años consecutivos de invertir en infraestructura y conocimiento, en primer lugar, en la preparación de los maestros y en labrar una cultura de méritos.

No se puede trasladar (y no es recomendable), imitar el modelo vertical y de control político que ejerce el Partido Comunista sobre el sistema educativo de China. Pero sí se puede pensar que los gobernantes se comprometan en serio con la educación, que gobiernen, con el fin de que las cosas mejoren, que dejen de pensar que pueden controlar a las diferentes camarillas sindicales con dádivas y acuerdos que al final de cuentas sólo las benefician a ellas. Hoy es posible pensar en un nuevo arreglo institucional donde la burocracia haga su trabajo y las escuelas funcionen de manera óptima. Las reformas a la Constitución y las leyes secundarias ya pusieron el piso.

Nada más por pensar en dos ejemplos de los que las escuelas mexicanas pudieran aprender de las de Shanghái, hoy que se promueven escuelas de jornada completa y autonomía de gestión de las escuelas (me parece una aberración eso de gestión, pero qué le voy a hacer, ya invadió hasta el habla de la SEP).

En Shanghái, los niños hacen las tareas en las escuelas, no en sus casas; no obstante, los padres colaboran con el aprendizaje de sus hijos exigiéndoles disciplina y fomentando la fortaleza de su carácter. Allá la participación de las familias se da en centros comunitarios y bajo la supervisión del partido. Esto sería imposible en México. Empero, aquí, si en lugar de pensar en hacer más de lo mismo, de ponerles más materias en la extensión de la jornada escolar, los docentes (con la capacitación previa de por medio) podrían organizar pequeños grupos de alumnos y que en la misma escuela se pusieran a resolver problemas de todo tipo, conceptuales y prácticos.

Con todo y que pienso que la autonomía administrativa de las escuelas de pobres es una trampa, algo se pudiera hacer para sembrar instrumentos de participación de los padres en ciertas tareas escolares. Sería difícil dada la cultura magisterial dominante, quizá se consiguiera experimentar invitando a padres (madres, en realidad) a que por las tardes fueran algo así como monitores en la hechura de las tareas escolares. Se trata de que brinden apoyo emocional y afectivo, no de que invadan las áreas de los maestros, que trabajen con los niños para que se respeten unos a otros, que haya solidaridad entre ellos y, sí, que promuevan la disciplina.

Es final del año, es temporada de optimismo, se puede uno imaginar un futuro distinto. Sin que sea la solución a los graves problemas de la educación nacional, acaso la puesta en práctica de pequeñas ideas, como las expuestas, contribuyan a la construcción de un proyecto democrático y equitativo para la educación nacional.

                *Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana

                Carlos.Ornelas10@gmail.com

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