Secuestros e impunidad

¿De verdad ya no van a secuestrar porque ahora las condenas serán del doble de tiempo?

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Armando Román Zozaya 04/06/2014 02:47
Secuestros e impunidad

A partir del día de hoy se duplicarán las penas correspondientes al delito de secuestro. En principio, esto parece una buena noticia pues, evidentemente, este crimen es lacerante y hay que hacer todo lo posible para detenerlo. Sin embargo, honestamente, no creo que incrementar la penalización sirva de mucho al respecto; lo relevante no es, necesariamente, incrementar el tiempo que un secuestrador podría pasar tras las rejas sino cuál es la probabilidad de que termine en la cárcel.

Hasta el día de ayer, quienes se dedican a secuestrar podían ser condenados a entre 20 y 40 años de prisión (70 si asesinan a la víctima). ¿De verdad ya no van a secuestrar porque ahora las condenas serán del doble de tiempo? Pongámoslo así: si alguien está dispuesto a arriesgarse a pasar siete décadas de su vida en la cárcel, ¿qué más le da si su potencial condena fuera de 140 años y no de 70? En ambos casos, estará muerto para cuando termine de cubrir su condena.

Pero ese cálculo es, en todo caso, lo de menos. Como decía hace unas líneas, lo crucial es la probabilidad de que un secuestrador sea capturado, enjuiciado, encontrado culpable y condenado. Si la probabilidad fuese muy pero muy alta, los delincuentes entonces sí podrían ver en la ley y, en concreto, en los años que podrían pasar en prisión, un disuasivo para secuestrar. No obstante, si la probabilidad es muy baja, incluso cercana a cero, la ley no tiene poder disuasivo alguno.

Eso último es lo que sucede en México, justamente: la probabilidad de que quienes delinquen terminen en una celda, es bajísima. Y no sólo para el delito de secuestro sino para todos. Esto es producto de que nuestro país está plagado de impunidad. Por ello, abundan quienes ni siquiera respetan el reglamento vial, por citar un caso. Por ello también es que ocurre que policías son asesinados a golpes, o que hay “maestros” que cuentan con plaza, pero jamás dan una sola clase, por mencionar un par de ejemplos más.

El problema no es únicamente, pues, si las leyes están bien o mal, si hay que incrementar, o no, las penas que encaran quienes las quebrantan. De hecho, en nuestro país hay leyes para casi todo y, en no pocos casos, se trata de leyes bien hechas. Por ejemplo, nuestra legislación para combatir la discriminación es muy atinada. El marco legal es también pertinente con relación a la protección de los derechos de los niños, por citar otro ejemplo.

Lo que no es atinado es cómo procuramos y proveemos justicia: los policías y los ministerios públicos no hacen su trabajo bien y/o son corruptibles fácilmente (ahí está el caso Cassez, por ejemplo). Asimismo, nuestros jueces tampoco son los más confiables del mundo (recordemos al “presunto culpable”). Esto es muy grave, pues resulta en un sistema de “justicia” que no es tal sino que, al contrario, sólo genera injusticias y, de la mano de ello, impunidad.

Cuando hay impunidad, no está de más enfatizarlo, la ley no sirve de nada, incluso si es muy buena o si estipula penas considerables para quienes delinquen. Ese es nuestro problema más grave. Es, asimismo, en buena medida, lo que tiene sumido al país en un ambiente de violencia y zozobra, el cual es muy costoso en todo sentido.

El día que dejemos de ser un país de impunidad dará igual si los secuestradores pueden ser condenados a 40 o a 80 años de prisión; la ley tendrá poder disuasivo y, entonces sí, los secuestros se reducirán de manera dramática. Pero mientras sigamos siendo lo que somos, las penas por secuestro podrán ser de un millón de años y, de todos modos, nada cambiará realmente.

Va de nuevo: nuestro problema más grave es la impunidad, no la falta de leyes adecuadas o de penas más severas. A ver para cuándo lo entienden, y actúan al respecto, quienes son directamente responsables de ello.

                Twitter: @aromanzozaya

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