El momento crucial y el barro

Maquillaje y luces apagadas evitaron que un granito arruinara la velada.

COMPARTIR 
Anna Bolena Meléndez 25/08/2014 00:00
El momento crucial y el barro

Y ahí estaba yo, justo a diez minutos de que Cirilo llegara. Justo ese momento en el que nos veríamos por primera vez como un par de personas abiertas a la posibilidad de tener algo. ¿Nos gustaríamos? ¿No nos gustaríamos? ¿Tendríamos la química perfecta? ¿Sus besos sabrían dulce o amargo?

El tiempo parecía no avanzar, caminaba de un lado a otro, hacia el norte y el sur de mi pequeño espacio de soltera. Me miraba al espejo, ¿falda con botas? ¿Sí era una buena idea? ¿El gimnasio sí estaba haciendo efecto o era sólo una ilusión óptica?

Nada, miraba el whatsapp con el sueño de que Cirilo me dijera “ya estoy abajo”. Era imposible, él no tenía red permanente. Pero a lo mejor un milagro, una red fantasma que lo poseyera con la desesperada necesidad de decirme, anunciarme, que ya casi llegaba.

Mmmm… ¿qué hago? Hace siete minutos me había dicho que en diez llegaría. Faltan tres más unos dos de gracia… el camino desde el aeropuerto es lejos, no nos vemos hace más de diez años y es viernes de quincena. Comprenderán mi ansiedad.

Entonces me miré al espejo espulgando mi maquillaje y allí estaba, un barro casi a punto de asomarse en la esquina de mi mejilla.

¡OMG! ¡Llamen a los bomberos!

¿Qué hago? ¿Me lo aprieto? ¿Me lo tapo? ¿Me hago la que no lo vi? ¡Ouch! Me duele.

Entonces, mi querida Cirila interna me  aconsejó: “¡No vas a recibir a Cirilo con un barro que amenaza convertirse en un volcán! ¡O sea! ¡Qué pasó con todo el tema de la primera impresión es la que cuenta!”

Decidí escuchar a mi loca y ansiosa Cirila interna y agarré un Q-tip, lo partí a la mitad y ¡cuaz! Aplasté mi barro que decidió convertirse de casi invisible a una masa amorfa roja que, ahora sí, era visible a diez metros de distancia.

¡OMG! ¡Ahora sí llamen a los bomberos!

Ya no me podía detener. Agarré alcohol (no sé por qué razón uno piensa que echándoles alcohol la infección no se va a regar) y con un algodón decidí aplastarlo con todas las fuerzas de mi ser.

El whatsapp sonó: “ya estoy abajo”. Resulta que puede no haber red abierta a la que Cirilo pudiera acceder, pero sí hay algo que se llama roaming.

¡Ahhh! Le contesté con medio barro a punto de explotar: “Ya abro”.

Obvio me tardé, necesitaba solucionar mi dilema con el barro que no cesaba en su lucha con ponerse más y más rojo. Ahora mi cara había pasado de tener un mini granito inexistente a un mega barro rojo encendido en la mitad de mi mejilla.

¡Maldita ansiedad pre cita importante! ¡Me carga la bruja de los barros!

Entonces me puse una plasta de maquillaje sobre el rojo barro que se sacudía y aparecía sí o sí.

Analicé la luz de las escaleras, apagué unas cuantas luces de los pasillos… en la noche todos los gatos son pardos.

Salí, lo vi, supe que era él, que era para mí… sin decir más me besó.

Moraleja: si es para ti, no habrá barro que lo distraiga 

¡Feliz lunes!

                                www.twitter.com/AlasdeOrquidea

                                Annie@TaconesyCorbatas.com

                                www.taconesycorbatas.com

                                www.alasdeorquidea.com

                                www.facebook.com/AlasdeOrquidea

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red