La letra con amor entra

Ser mejores y ayudar a que otros lo sean no se logra con sarcasmo o enojos.

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Anna Bolena Meléndez 21/08/2014 00:00
La letra con amor entra

Nos han enseñado que todo entra a punta de golpes. Que cuando queremos que alguien más cambie su forma de ser, llámese niño, pareja o padre, toca dejárselo saber con un enojo para que lo pueda asimilar. Es mentira.

El amor es lo único que mueve a las montañas. Probablemente con un niño, por medio del amor, se deban adoptar posturas un tanto postizas de enojo para lograr un entendimiento, pero cuando se trata de adultos, el amor… eso es lo más importante.

Nuestras parejas tienen vicios, mañas y defectos; nosotros también. Ni Cirilo tiene más defectos que yo ni yo más que Cirilo. Ambos en nuestro propio estilo tenemos nuestras fallas y fortalezas, pero es por medio de esas fortalezas que ayudaremos al ser querido a superar sus fallas y lo obtendremos de vuelta.

Cuando algo nos molesta de nuestra pareja, no sirve de nada tratar por la vía del sarcasmo, agresividad (pasiva o activa) o incluso presión sicológica. Una persona que se sienta acorralada no hará más que sacar las uñas; y ello ocasionará el irreversible daño del sentimiento.

Muchas veces nos pasa que le decimos algo a Cirilo y luego le pasa. Nuestro mayor goce es decirle “te lo dije”, ¿de qué sirve?, me pregunto. ¿De qué sirve recordarle a una persona que tú tenías razón? ¿De qué sirve restregarle activamente a Cirilo que lo que le sucedió no es más que tu vaticinio? Ese es tu ego, tu ego queriéndose regocijar con el dolor ajeno, con el dolor de tu pareja:

“¿¡Ves!?, ¡yo tenía razón! ¡Tú  estabas mal y yo estaba bien! ¡ja, ja, ja!, ¡idiota!”

Así es como hacemos sentir a nuestra pareja cuando exaltamos nuestra parte oscura del yo lo sé todo y tú como eres hombre/mujer eres un@ pen–––@.

A nadie nos gusta ser tratados así, porque cuando lo hacen, sacamos las uñas. Todos nos quejamos de nuestras madres y su terrible vicio de decirnos “te lo dije”, pues no es necesario que nos digan “te lo dije” para recordar que nos lo dijeron y es más bello cuando no nos lo recuerdan y uno solo logra caer en cuenta.

Todos tenemos defectos, todos tenemos errores. Está en nosotros tener la humildad de aceptar que así como nuestra pareja puede tener sus propios demonios, los nuestros no es que sean más bonitos.

Tener la intención de cambiar es un proceso que se hace a profundidad. No por tu pareja, no por tu madre ni por tu padre o hermanos, se hace por ti, pero muchas veces también, en alguna medida, por la gente que amas y que te rodea, quienes son los que no sólo te hacen ver tus fallas, sino quienes también serán piezas clave a la hora de ayudarte a mejorar y superarlas.

Pedir con amor a quienes son tus cercanos que te ayuden a mejorar tus errores es un gran paso a tu crecimiento espiritual. Pedir a tu pareja que te acompañe en el camino de convertirte en esa persona que cada día tiene menos fallas, es un ejercicio de grandeza que no todo el mundo tiene la capacidad de hacer.

Hacerle saber a tu pareja o cercanos sus fallas con amor, sin agredirlos, sino por el contrario, generar el deseo de un cambio en esa persona que comprende que de ello resultaría un buen crecimiento, no es fácil, pero tampoco es imposible.

Recuerden siempre que, como lo han dicho los más grandes pensadores y líderes espirituales de la historia de la humanidad: el amor mueve montañas.

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