El complemento del quejumbroso

Deberíamos de tener en cuenta que aventar buena vibra es como aventar un bumerán.

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Anna Bolena Meléndez 16/06/2014 00:00
El complemento del quejumbroso

Estamos acostumbrados a quejarnos. Mucha gente se llena la boca diciendo que no se traga nada de lo que piensa, que prefiere quejarse a aguantarse y que si está pagando entonces merece excelencia en todo.

La realidad es que nada nos parece, si no es por la entrada, por la salida, pero nos quejamos. Siempre habrá algo que otros no hicieron bien, es nuestra humana naturaleza quejarnos por todo.

Hoy me pasó algo muy gracioso. Fuimos a un restaurante y la atención fue maravillosa. Desde que llegamos hasta que nos fuimos no recibimos más que buena onda, sonrisas y buenos tratos. Al irnos, me detuve, tenía que decírselo al gerente.

Le pedí a la host que me llamara al gerente, en automático su cara fue de “¡dios! Y ahora ésta de qué se va a quejar!”, el gerente demoró mucho en llegar, así que decidí dejarle el mensaje con la host.

“Señorita, quiero que sepa que hace mucho no nos atendían tan bien como hoy, los felicito”, la señorita puso una cara de ¿whaaat? Creo que no están acostumbrados a recibir complementos, por el contrario, nos preocupamos mucho por dejar nuestra queja bien clarita, pero cuando recibimos algo positivo de la gente nos vamos sin decir nada, como si fuera su obligación ser buena onda contigo.

En un mundo en el que lo negativo, a veces, pareciera pesar más que lo positivo, tenemos la obligación de inyectarle más buena vibra. Recibir una sonrisa de alguien tiene mucho más fuerte efecto de lo que creemos.

Una sonrisa no es solamente que nos muestren los dientes, una sonrisa viene acompañada de los pensamientos positivos de esa persona que te tira directamente buena energía. Ser buena onda con la gente nos beneficia mucho más a nosotros que a los otros.

Considerando lo egoístas que los seres humanos somos, deberíamos de tener en cuenta que aventar buena vibra es como aventar un bumerán, todo lo que mandamos se regresa; y con más fuerza.

En lugar de ir por la vida creyendo que nos merecemos que nos traten a la perfección, que nos merecemos que la mesera nos sirva con pleitesía y que quienes trabajan para nuestro servicio lo hacen porque tienen que hacerlo, deberíamos intentar cambiar y ver los beneficios que ello nos trae.

Decir por favor y gracias no nos quita nada y sí nos da mucho. Quien piensa que los modales no son para ser utilizados con quienes brindan determinados servicios, está equivocado. Aquellas personas que tratan mal a los meseros por ser meseros, a las empleadas por ser empleadas y a cualquiera que califique como “menos”, no son mas que groseros e ignorantes. Personajes en quienes funciona perfectamente la palabra “naco” y no por las acepciones que algunos ignorantes la utilizan.

Nadie es más que nadie. No por tener más dinero que otros tienen el derecho de humillar a la gente, al contrario, una persona que se considera “más” debe de ser de mayor grandeza de espíritu, no de mayor prepotencia.

Inténtelo, procuren ser buena onda, procuren ver lo positivo de las cosas, lo bonito de la vida. Den las gracias, sonrían, pidan por favor y miren a los ojos. Dense la oportunidad de recibir todo lo que ustedes mismos pueden crear para que les sea devuelto.

Un abrazo de ida y recibo uno de vuelta.

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