Cirilo conquistador

Estos increíbles personajes resultaban con un chorro de babas.

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Anna Bolena Meléndez 03/06/2014 00:00
Cirilo conquistador

Las Cirilas de repente somos un poco contradictorias, según Cirilo conquistador. Nos encanta que nos llenen de detalles, que nos hablen bonito, que nos hagan valer una relación. Nos fascina que nos lleven hasta las nubes, que nos dediquen canciones, nos consientan, nos alaben, nos alaguen. Pero no nos gusta que nos truenen, porque entonces, Cirilo conquistador, se vuelve Cirilo animal rastrero.

Lo que pasa es que las mujeres soñamos con casarnos con todo cuanto Cirilo aparenta ser buen partido, lo endiosamos y empezamos a imaginar su cara sumada con la nuestra sonriendo ante una sonaja rosa o azul. Diseñamos la casa de nuestros sueños y nos vemos entrando de la mano de aquel Cirilo, maravilloso conquistador, que está como el doctor nos lo recomendó.

Ante tantos detalles nuestras amigas gritan por el otro lado del teléfono cuando les contamos de aquel príncipe azul que descubrimos entre el pajar de sapos malolientes que olvidaron hacer uso de aquel viejo truco llamado “caballerosidad”.

Eso sí, es nuestra madre y nuestro padre quienes no terminan de convencerse y que nosotros señalamos de quisquillosos, ¿pero por qué no ven la belleza en tan clarito príncipe azul?

Mi padre alguna vez me dijo que le tuviera pánico a los buenos conquistadores pues la práctica hace al maestro. Eso sí, cuando uno de estos maravillosos conquistadores, enamorados del amor, encuentran a una Cirila con la que quieran implementar sus técnicas para siempre, entonces suertuda tú… o ni tan suertuda porque no se le vaya a seguir antojando andar de conquistador cuanto tu conquista ya haya cesado.

En el camino de la vida, comprobé una y otra vez que estos increíbles conquistadores resultaban con un chorro de babas y son los que siempre terminan la relación con un sonoro y largo “no eres tú soy yo” y se van dejándonos el congelador retacado de helado de chocolate.

Sin embargo, Cirilo conquistador alega que conquistar a una mujer es un placer, que no lo hace de rata inmunda sino porque dicha mujer le gusta, porque en sus relaciones adora tener feliz a su Cirila. El hecho de poner su mirada en una mujer no significa que se quiera casar con ella. Si la relación lleva hacia allá, pues qué bien, pero si no, entonces quisiera siempre pasar por el caballero que la trató bien de principio a fin.

Cirilo conquistador no es un patán. No es un gigoló sin causa que gusta de coleccionar mujeres, pero sí que disfruta de las relaciones que se presentan en su camino y las convierte en amoríos extremos en los que, irremediablemente, Cirila termina cacheteando las banquetas por él. Por eso, queridas Cirilas del planeta de las Cirilas enamoradizas, abran bien el ojo y no se anden yendo de pompas por aquellos Cirilos que parecen el Romeo perfecto.

Antes de ello, aunque parezca imposible, confirmen si su Cirilo es uno de estos junkies de la conquista y disfruten del momento, pero no prolonguen su existencia en la imaginación al lado de uno de estos, porque una vez terminan de conquistar a una princesa se cambian de castillo dejando tus trenzas colgando de la ventana.

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