El miedo del miedoso

El miedo al compromiso no es más que otra forma de decir: no me ha llegado el bueno...

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Anna Bolena Meléndez 08/05/2014 00:00
El miedo del miedoso

No, yo nunca le tuve miedo al compromiso. De hecho, de lo que estaba aterrada era de quienes le tenían miedo.

Aunque corrí con la suerte emocional que cualquier Cirila promedio, no faltó el negrito en el arroz y di con dos que tres discapacitados emocionales que, según, le tenían tanto miedo como al mismísimo chamuco.

Sin embargo, me río de la premisa. Conozco a muchos Cirilos que se llenaron la boca diciendo que le tenían miedo al compromiso y a la larga no era miedo sino que no habían encontrado a la mujer con la que ese miedo se espantara. ¿Ven? Todo tiene una vuelta de tuerca.

Recuerdo cuando era apenas una chavilla que tuve un novio dispuesto a casarse conmigo en cuanto él terminara la carrera, lo que me ponía a mí en una situación muy desventajosa, como de la época victoriana.

Yo con pánico. Salí corriendo y se lo conté a quien más confianza le tenía. Huí como los valientes, pues prefería pasar por cobarde que por atorada. Así, me conseguí a un novio que me garantizara que no era material para casarse y con quien sintiera protegido mi tan preciado estatus de soltería al que no iba a abdicar por unas cuantas rosas y palabras bonitas.

Pero eso era antes, cuando uno no es que le tenga miedo al compromiso sino que no está preparado para él. Bien sea por la edad, por la persona en cuestión o porque se te da la gana.

Aun así, con todas las excepciones a la regla que puedan manifestarse, sigo sosteniendo que tal miedo al compromiso no es más que otra forma de decir: no me ha llegado el bueno y obvio, me da miedo pensar en comprometerme con alguien que no me inspira a eso.

Cuando mi Mr. JC llegó, yo no tenía ni la menor intención de hacer un compromiso serio. De hecho, venía saliendo de un revolcón emocional que me había dejado llena de esos miedos estúpidos que te hacen calificar a todos por las maldades de uno solo.  Otro que terminó en la tierra de los calcetines impares…

Nadie me tuvo que convencer, nadie me tuvo que rogar, mi corazón quería comprometerse, sobretodo porque quería ese compromiso de regreso. Cuando sientes que una persona es la indicada, que es perfecta para ti, que te hace feliz y que, después de todo lo que has conocido, no hay nada que te llene más, ni siquiera lo piensas, sólo te entregas.

Así que ese miedo al compromiso me lo paso por el arco del triunfo, pues no es más que una diplomática manera para decir “no eres tú soy yo. Yo soy el que está loco y tiene miedo de comprometerse con un ser tan maravilloso como tú”. ¡Pamplinas! Cuando no hay, no hay y entonces sí no hay nada qué hacer. Por más que intentes venderte la idea de amarrarte a alguien, si el corazón no se amarra solito, no hay soga que te ayude, ni nudo marinero que aguante, eventualmente saldrás corriendo como alma que lleva el diablo.

Cuando alguien te diga que le tiene miedo al compromiso, has de cuenta que le faltó terminar la frase “le tengo miedo al compromiso… contigo”.

Y ya, así te vas tranquila a tu casa porque ése no fue.

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