Celos con C de Cirila

¿Mi ex piensa que estoy loca? Probablemente, prefiero estar loca que no tener sensibilidad.

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Anna Bolena Meléndez 02/05/2014 00:00
Celos con C de Cirila

¿Qué son los celos? Hum… personalmente los odio. Podría decir que soy una incansable guerrera en contra de sentirlos, sin embargo, no puedo evitarlo, los siento.

Ahora, para mí hay dos tipos de celos: los que te destruyen y los que te alimentan.

Los que te alimentan son ese tipo de celos que sabes que son infundados. Aquellos que te atacan cuando una mujer mira a tu pareja con ganas o cuando descubres a la amiga de tu pareja que bota la baba por él. Sin embargo, sabes, también, que tu pareja no hará nada en consecuencia. Confías en él y eso hace que tus celos sean simplemente un recordatorio de que lo amas y de que no puedes echarte a la flojera, porque la competencia aún no acaba; nunca acaba.

Pero los que te destruyen… ésos son los peores celos, los que aconsejo no darte chance de sentir, porque si los sientes no sólo son los causantes de tu dolor sino los causantes de tu destrucción y del poquito amor que puedas llegar a sentir (por ti misma).

Yo soy un buen ejemplo de ésos. Alguna vez sentí esos celos destructores que no son “celos lindos”, sino malos, malos como la salmonela, malos como esas células negras que se te comen el corazón. Esa punzada en la mitad de las tripas que te dice: “Él tiene los ojos en otra”.

Justo fue cuando corté con un ex, hace muchos, muchos años, que en una fiesta me di cuenta que una “amiga” no sólo no me había saludado, sino que andaba demasiado cercanita con mi reciente ex a quien yo aún lloraba.

Entonces, mal compañero el alcohol, me orilló a hacer un drama que ni en TNT. Al otro día me sentí humillada, había pasado por encima de mis valores, de mis preceptos, de todo lo que en casa me enseñaron; perdí el glamour, como por decirlo de una graciosa manera.

Luego, con el tiempo entendí que yo no era esa mujer. Que jamás en la vida habría actuado de tal forma si no me hubiera sentido amenazada, herida en mi más profundo cuero por un tipo que no tuvo la sensibilidad de poner un alto a mi amiga y por una amiga que nunca tuvo la sensibilidad de ser buena amiga.

¿Mis celos? No, no fueron infundados. ¿Debí controlarme? Probablemente, pero si hoy echo hacia atrás, me doy cuenta de que actué barnizada de varios sentimientos: el dolor del despecho, el terror de un presentimiento y la rabia del descaro de ambos.

¿Cometí locuras? Uff… las que sean. Mujer que diga que no las ha cometido, miente y si no miente, que tenga paciencia, porque el amor es por lo que uno más locuras comete.

¿Mi ex piensa que estoy loca? Probablemente, pero prefiero estar loca que no tener sensibilidad ni control sobre mis acciones. Prefiero haber pasado como loca por amor que haber pasado por insensata que tiene la capacidad de no respetar el luto de alguien que aún te ama y cometer una indiscreción sin ningún remordimiento.

Por eso creo sensatamente que los celos dañinos o destructivos no solamente son culpa de quien los siente, sino de quien los provoca. Porque uno no puede pedirle cordura a un corazón enamorado cuando se siente amenazado.

¿Hoy siento celos? Claro. Siento celos cuando pienso que alguna extraña pueda enamorar a Mr. JC, porque lo amo como a nada en la vida. Pero mis celos son simples imaginaciones que me mantienen oxigenando esa llama del amor para que no se extinga.

Esos celos son los que siempre debemos sentir: los que te recuerdan que nada es una garantía y que hasta el más puro amor se puede desvanecer si no lo alimentas.

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