Cirilito de porcelana

Si tiene un problema de salud y por eso el sexo se le complica, es mejor que lo diga.

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Anna Bolena Meléndez 11/03/2014 00:00
Cirilito de porcelana

¡Ay, pero qué cosas con los Cirilos y sus soldaditos de plomo! Ahí les va la historia:

“Cirila, Cirila:” —comenzó su correo, creo que ya soy un espejito mágico— “comienzo a tener una relación con Cirilo y...”, ahí les va la historia, es más divertida contada en tercera persona.

Resulta que Cirila conoció a Cirilo. Se comportó como chavita bien durante sus tres primeras citas reglamentarias y, entonces, lo invitó a subir por una tacita de café, tal cual doña Florinda. Pero para su sorpresa, a Cirilito no le funcionó aquellito, así que de a de veras terminaron tomando café.

¡En el nombre de Blue Demon! ¿Qué hacer en esos casos? Pues Cirila, muy femenina ella, le dijo: “No hay problema, les pasa a todos los hombres...” y se fue con su frustración rumbo a la cafetera.

El problema fue que–que–fue–que hubo una segunda vez en la que Cirila lo invitó por una tacita de café y ¡santos espaguetis, Batman! No tengo que dar más explicaciones...

Así, Cirilo, en un ataque de pánico, le dijo que él nunca había estado con una mujer tan guapa como Cirila y se sentía intimidado. Que por favor le dieran espacio al sexo y tuvieran un noviazgo en el que entraran en confianza y él no se sintiera tan presionado.

Cirila–tan–guapa–como–ninguna–en–el–pasado–de–Cirilo, bien buena onda ella, aceptó y resulta que ya llevan dos meses de noviazgo y Cirilo nada que lo logra. Lo han intentado, pero Cirila queda con los cachetes azules (a las mujeres también nos pasa) y Cirilo se sigue excusando, ¿qué hacer en estos casos? (digo, además de romperte la cabeza para saber exactamente el tono en el que se debe de hablar con un hombre para no herir susceptibilidades de porcelana).

Bueno, creo que lo primero es perderle el miedo a hablar. Advertir a Cirilo que esa conversación no sólo es incómoda para él, sino que es incómoda para ella también y, con esto dicho, abordar el tema sin agüero.

Si Cirilo tiene un problema de salud y por eso el sexo se le complica, es mejor que lo diga, con eso, ambos pueden tomar decisiones informadas.

Lo que pasa es que entiendo perfectamente la preocupación de Cirila, a ella le gusta Cirilo y no quiere lastimarlo y mucho menos meterse con su soldadito de plomo, pues las mujeres sabemos lo susceptibles que pueden ser con ese tema.

Personalmente, intentaría tratarlo con los puntos sobre las íes y sin tanta vuelta ni diligencia.

Hay mil razones por las que un hombre no pueda funcionar en la cama y no necesariamente son incurables. Los nervios, las expectativas, incluso las rachas de estrés y tensión pueden colaborar con la condición; además de volver todo un ciclo de nunca acabar, pues mientras más veces se vea expuesto a esta situación, más será la incomodidad y peor la presión la próxima vez que lo intenten.

Por eso lo mejor es hablar, claro, honesto, sincero y con sensibilidad ante el tema que se enfrenta.

Hay muchas soluciones, desde médicas, hasta alternativas que pueden ayudar a un hombre a desarrollarse correctamente en el ámbito sexual. Consulte a su médico, en el peor de los casos.

Lo más importante es saber cuán dispuesta está la mujer para afrontar esta situación. Una cosa es tener una relación de años y que esta condición se presente, y otra muy diferente pedirle a una mujer que apenas te conoce que se suba al barco de mejorar tu sexualidad.

Por eso, si es que Cirila lleva sólo dos meses saliendo con Cirilo, me siento muy mal en anunciarle que casi podría apostar que esa relación termina desvaneciéndose, pues para superar este tipo de problemas, se necesita la fortaleza que brinda el “ser pareja”.

Así que lo único que puedo recomendar es: honestidad. La clave para un mundo mejor.

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