Cirila sapiosexual

Resulta que la inteligencia sí es sexy, aunque Vogue diga lo contrario.

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Anna Bolena Meléndez 27/02/2014 00:00
Cirila sapiosexual

¿Alguna vez han estado, así casual, caminando por la calle y de repente ¡Cuaz! La víbora interna te hace voltear y preguntarte, qué hace ese mujerononón agarrada del brazo de un Cirilo no acorde con su estética (puedo ser muy diplomática cuando quiero)?

Quien haya dicho “¡Ay no, yo nunca! Yo veo la belleza interna, jamás me sale lo víbora, eso es de mal gusto…” es una hipócrita. Sí, queridas Cirilas que tiran la piedra y esconden la mano, todos, léanme muy bien: todos, en algún momento de la vida nos hemos hecho esa pregunta, cuando la belleza estereotipada hace de las suyas y nos posee cual fembots.

De todos los fetiches, este es el que más me gusta: la inteligencia. Esa mujer, mamasota, divina, con piernas perfectas que desfila orgullosa al lado de un hombre al que alguna vez un amigo le dijo que esa mujer estaba fuera de su liga, muy seguramente es sapiosexual.

Resulta que la inteligencia sí es sexy, aunque Vogue diga lo contrario. Y esto no quiere decir que caigamos en el cliché de creer que una persona tiene derecho a una cosa o la otra: ¿Belleza o inteligencia? Conozco a varios hombres bellos por fuera e interesantísimos conversadores, simpáticos, agradables, buena onda y de buen gusto (cof, cof… me casé con uno —modestia aparte— jeje), pero lo que sí es cierto es que como no todos estamos bendecidos por el photoshop diario de cada día, nos toca apoyar la belleza que nos dieron con un poco de materia gris. Esto va tanto para hombres como para mujeres.

Ahora que conozco el término que califica a muchas mujeres, como yo, que nos prendemos con un hombre que tenga buena conversación e inteligencia y no solamente con un par de bíceps a los cuales besan cada mañana con todo y aliento mañanero, me siento comprendida.

Alguna vez conocí a una chica que salió con un personaje que, de verdad, no entendía qué carajos era lo que veía en él. Al tipo le faltaba escurrir las babas cuando hablaba, era tonto, superficial, hablaba con una papa en la boca que nunca logró sacarse, estaba vacío, como si de chiquito se le hubiera caído de la cuna a la mamá y de tanto golpe en la cabeza hubiera quedado así de bobo. Juro que mientras Cirila lo encontraba irresistiblemente atractivo, yo lo único que veía era una moma llena de músculos con nada que aportarme.

Cada quien, ni lo uno ni lo otro están bien o mal. Hay mujeres que necesitan el músculo para prenderse y otras que necesitamos el músculo del cerebro activarse para volvernos locas ansiosas por tenerlo entre nuestras sábanas.

Un estudio demuestra que somos muchas más las mujeres sapiosexuales que las que se basan en el físico para encontrar al amor de su vida. En la época de las cavernas, cuando un hombre tenía que cazar a un mamut para demostrar su hombría y sobrevivir, era indispensable que tuviera determinadas características que, además, lo hacían atractivo para una hembra.

Hoy en día, que la comida se encuentra en los pasillos del súper, ese tipo de cavernícolas que se pegan en el pecho y gritan “¡uh uh uh uh!” ya no nos prenden la mecha. Ahora necesitamos hombres que garanticen su supervivencia, y por tanto la nuestra, con su materia gris, la que les ayuda a protegernos aun más eficazmente que unos brazos del tamaño de un garrote o unas fuertes piernas que no sirvan para más que aparecer en un anuncio de ropa interior.

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